La gran comisión

Todo el mundo conoce el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Por otro lado, nadie ignora el mandamiento nuevo: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado". Sin embargo, pocos conocen el gran mandamiento. El gran mandamiento fue el último que Jesús resucitado comunicó a los suyos antes de ascender a los cielos. Con el esplendor de su resurrección dijo solemnemente a los suyos: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra". Nunca una orden había sido introducida con tanta autoridad.

Luego, añadió con toda claridad: "Vayan por todo el mundo y proclamen la Buena Nueva a toda la creación". (Mc.16,15) Debe quedar claro que no se trata de un consejo o una sugerencia sino de una orden expresada con dos imperativos: Vayan y proclamen. Se trata de un mandamiento explícito. A través de la gran comisión, el Maestro nos comparte su misión: implantar su Reino, anunciando la Buena Nueva a todos los hombres. Desgraciadamente "la gran comisión" se ha convertido muchas veces en la "gran omisión". Y lo peor es que aveces ni se tiene conciencia de estar faltando a esta orden de Jesús. Si es el mandato más grande, obliga tanto o más que el de "No matarás, no mentirás, no fornicarás". Sin embargo, tal vez nadie se haya ido a confesar diciendo: "Me acuso de no evangelizar". El pecado de no evangelizar es una omisión mucho más grave que la mayoría de pecados de los que pedimos perdón en la Reconciliación. Por tanto, para un seguidor de Jesús no es optativo el evangelizar, sino que es una necesidad intrínseca de su vocación a la que ha sido llamado. Cristiano que no evangeliza es contradicción de términos. Definitivamente nadie se puede identificar como un seguidor de Jesús sino está instaurando el Reino de Dios en este mundo. Desgraciadamente tenemos todavía mucho miedo para evangelizar y el temor es signo de que aún debemos romper las barreras del respeto humano.

 

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