La Iglesia, sacramento visible de la salvación

Evangelizar, "proclamar la Buena Nueva a toda la creación" (Mc.16,15), es un mandato dado por Dios a todo cristiano y la razón de ser la Iglesia (Cf. E.N. 14). No obstante, al identificarse con esa palabra un católico puede dar la impresión - por lo menos a algunos - de que no sea católico.

Es posible que otras Iglesias Cristianas hayan monopolizado la imagen popular del significado de "evangelizar". Mas esta palabra dinámica y bíblica debe seguir siendo parte vital de nuestro vocabulario católico y ello puede hacerse en tres formas especiales.


Primero, como el Papa Juan Pablo II afirma constantemente en su llamada a una "Nueva Evangelización", toda diócesis, parroquia, movimiento y organización de la Iglesia Católica, y todo individuo que forme parte de la Iglesia, debe formar parte también del esfuerzo de dar a conocer a Cristo. El Vaticano II declara que la Iglesia entera es misionera (A.G. 35), y obviamente la Iglesia Católica está reavivando su dinámico espíritu misionero. Con este nuevo empuje de la evangelización todos los católicos deben captar la llamada y vibrar poniéndose a la obra.

En Segundo Lugar, nuestra evangelización debe ser católica en su dirección. Otros cristianos evangelizan, justamente, hacia su propia iglesia, no lo hacen simplemente hacia un estado vago y acéfalo llamado "ser cristiano". Los católicos evangelizan a los que no son cristianos conduciéndolos a la Iglesia Católica.

Cómo afirma el Papa Pablo VI, existe un "vínculo profundo entre Cristo, la Iglesia y la evangelización" (E.N.16). Los que recurren al lema, "Jesús sí, la Iglesia no" demuestran ignorar la verdad de que la Iglesia es el Cuerpo de Cristo (Ef.1,22-23; 1Cor.12,27-28). El resultado de la evangelización no será completo hasta que el convertido no sea miembro del Cuerpo de Cristo habiendo sido conducido a la Iglesia.

"La adhesión (de los recién evangelizados), que no puede quedarse en algo abstracto y desencarnado, se revela concretamente por medio de una entrada visible, en una comunidad de fieles... la Iglesia, sacramento visible de la salvación" (E.N.23). En la práctica, "evangelizar conduciendo a la Iglesia Católica" significa llevar a alguien a que sea miembro de una parroquia, donde tendrá la posibilidad de desarrollares en forma profunda, progresiva, espiritual y comunitaria (Ef.4,11). Se podrá decir que hoy es difícil encontrar parroquias que proporcionen este tipo de desarrollo, pero las comunidades especializadas, que son más bien paralelas a la parroquia y no parte de ella, no pueden constituir una respuesta completa.

¿Porque?, primero porque la parroquia es una institución que existe en casi todas partes y segundo, la parroquia está abierta a todos: a los más débiles, a los que acaban de ser bautizados y a aquellos que comienzan a convertirse. A menudo es muy difícil encontrar comunidades especializadas o éstas están abiertas sólo a aquellos que aceptan ciertas formas de devoción o muestran dones especiales para la vida comunitaria. No podemos sustituir de un momento a otro la omnipresente parroquia y sus anchas y abiertas puertas con instituciones que son relativamente escasas, selectivas y que no se sabe si serán duraderas.

Por consiguiente, el ideal no es alejarse de la parroquia sino incorporar la renovación parroquial en nuestros esfuerzos de evangelización, Volver a evangelizar la parroquia es la única manera de garantizar que los evangelizados tengan un lugar donde puedan experimentar las promesas de Cristo.

En tercer lugar, la manera de evangelizar debería ser Católica. La Buena Nueva que proclamamos debería poseer un contexto y un contenido católico. Aunque bien es cierto que podemos aprender algunas técnicas muy dinámicas y de gran éxito y sin duda alguna de celo incondicional, de nuestros hermanos y hermanas protestantes, debe haber algo específicamente Católico en la forma de evangelizar de los Católicos.

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