El poder de la intercesión

El evangelista Mateo relata la actitud de un hombre que cae de rodillas delante de Jesús pidiendo por su hijo: “se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar", (Mt. 17:14-16).','Es un precioso caso de intercesión. Interceder significa rezar: orar por otra persona, ponerse entre Dios y otra persona, caer de rodillas delante de Dios pidiendo por una persona necesitada.

Los cristianos no logramos convencernos del inmenso poder que tiene nuestra oración, especialmente si es elevada intercediendo por otra persona: “Todo lo que pidan en la oración con fe, lo alcanzarán", (Mt. 21:22). Y mas aún si es un grupo o una comunidad la que intercede: “les aseguro que si dos de ustedes se unen en la tierra para pedir algo, mi Padre que está en el cielo se lo concederá. Porque donde hay dos o tres reunidos en mi Nombre, yo estoy presente en medio de ellos", (Mt. 18:19). Desde esta perspectiva podemos comprender la importancia que tienen los intercesores, los grupos de oración o los monasterios. Son un generador de gracias divinas, son un oásis desde donde Dios derrama abundantes gracias y bendiciones sobre las comunidades y las ciudades. Feliz el pueblo o la ciudad que posee muchas parroquias, iglesias y monasterios de donde se elevan constantemente oraciones de intercesión por todos los habitantes.

La intercesión es muy sencilla, es una cuestión de fe. Nosotros pedimos a Dios en oración la sanacion, la liberación, el consuelo o la unidad de un matrimonio o de una familia y Dios es el que realiza la obra, no nosotros. No es nuestro poder sino el poder de Dios, quien escucha y ractúa. Jesús inmediatamente responde a la oración de intercesión del hombre y cura al hijo enfermo: “Jesús increpó al demonio, y este salió del niño, que desde aquel momento quedó curado”, (Mt. 17:18).

La oración no conoce límites ni distancias. Quiero compartir con los lectores una hermosa historia verídica del poder de la intercesión: “Un misionero en África debía trasladarse en su bicicleta a través de la selva hacia el pueblo más cercano, para traer medicamentos y dinero que le eran enviados desde los Estados Unidos.

El viaje duraba dos días, así que tenía que acampar en la selva una noche. Él ya había hecho este recorrido varias veces sin ningún contratiempo. En uno de sus viajes, encontró a dos hombres que peleaban fuertemente. Uno de ellos estaba seriamente herido y el otro huyó, por lo que acudió a socorrerlo y acompañarlo hasta su casa, dejando algunas indicaciones a su familia. Semanas mas tarde en su siguiente viaje y al llegar al mismo lugar se le acercó aquel hombre que estaba herido y le dijo: "Yo sé que usted cuando regresa, lleva consigo medicinas y dinero. El día que usted me socorrió, unos amigos y yo lo seguimos hacia la selva por la noche, cuando usted  estuviera dormido, teníamos planeado matarle y tomar el dinero y las medicinas. Cuando íbamos a atacarle, vimos que usted estaba rodeado por 16 guardias armados”.

Nosotros éramos 4 y vimos que era imposible llevar a cabo nuestro plan así que decidimos retirarnos. El misionero le respondió riendo: "Eso es imposible. Yo puedo asegurarle que siempre viajo solo y nadie me acompaña en mis viajes". El hombre le insistió en lo que vio. "No Señor, yo no fui el único hombre que vio a los guardias. Mis amigos también los vieron y todos contamos el mismo número de guardias. Estábamos asustados. Fue por eso que lo dejamos y desistimos de atacarlo. Cuando regresábamos yo me separé de ellos y fue entonces que uno de ellos me siguió y me atacó como castigo por haberles hecho perder su tiempo y no haber conseguido nada, ya que yo había planeado todo. “Espero que usted pueda perdonarme." Varios meses después el misionero asistió a una celebración dominical en una iglesia en Michigan, USA, donde contó a los presentes acerca de sus experiencias en África, incluyendo la historia de los 16 guardias que estuvieron con él mientras acampaba y les dijo. Recuerdo bien ese día por que era el cuarto aniversario de mi llegada al África.

Uno de los asistentes de la comunidad, se levantó e interrumpió al misionero y le dijo algo que dejó a todos los presentes atónitos. Nosotros estuvimos allí con usted en espíritu esa noche para ayudarle. Ese día yo llegué a la iglesia para recoger algunos materiales que necesitábamos para un viaje, al poner las cosas en mi camioneta, sentí la presencia de Dios que me inspiraba que orara por usted. La moción fue tan intensa que llamé a algunos hombres de nuestra parroquia para orar por usted pidiendo protección. Nosotros estuvimos allí con usted en oración protegiéndolo. Todos los que oramos por usted ese día estamos hoy aquí y pueden atestiguarlo. Inmediatamente, este hombre pidió a todos los que habían orado ese día por el misionero, que se pusieran de pie. Uno a uno lo hizo, lo que llamó la  atención del misionero es que al contarlos eran exactamente 16 hombres.

La oración es poderosa, Dios siempre la escucha, especialmente cuando oramos por otra persona, porque es un acto de amor. Es fundamental interceder, pero debemos hacerlo con fe, creyendo que Jesús está realmente vivo hoy, que tiene poder, nos escucha y obra: “Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: 'Trasládate de aquí a allá', y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes", (Mt. 17:20)

Compartir