Muchas veces hemos servido en la Iglesia con nuestra música, con nuestros cantos. Muchas veces nos hemos esforzado en mejorar nuestras técnicas musicales, en renovar nuestros repertorios, en mejorar la calidad del sonido que disponemos; y quizás muy pocas veces hemos reflexionado acerca del motivo de todo lo que hacemos. Vemos que es urgente que alguien cante, que alguien ejecute un instrumento o anime una reunión y nos olvidamos lo que es vital para que lo podamos hacer bien.

En nuestro servicio como músicos y en nuestra vida cotidiana debemos distinguir los asuntos que son urgentes de los asuntos vitales.

Los asuntos urgentes son los que necesitan una solución Ya, porque de otra manera todo y/o todos saldrían mal.

Los asuntos vitales son aquellos que dan vida a las cosas que hacemos y eso incluye a nuestros asuntos urgentes.

Un tema vital en nuestro servicio como músicos es el cuestionarnos:¿Por qué hago lo que hago? ¿Por qué le dedico tiempo a esto que muchas veces no solamente no da resultados sino que además nos pone en problemas?

Después de responder en forma personal a estos interrogantes, veamos si lo que nos impulsa es lo mismo que impulsó a los profetas en su tarea de anunciar y denunciar, si es lo mismo que motivó al profeta Daniel a cantar cuando se encontraba en el medio de las llamas o si es lo que impulsó a María a cantar el Magníficat en su encuentro con Isabel su prima.

Si analizamos el texto que relata la vocación del profeta Isaías, encontraremos que el mismo sigue un esquema que se repite en todos los llamados de Dios a los hombres.

Tenemos en el capítulo 6 del libro del Profeta Isaías, desde el versículo 1 al 4, la descripción de la visión de Isaías, lo que llaman los teólogos la Teofanía, es decir la manifestación de Dios.

En el versículo 5 encontramos la presentación del problema de Isaías, "Él es un pecador", el se encuentra pecador ante la manifestación de Dios.

Un verso después y hasta el verso 7, encontramos la intervención del mismo Dios solucionando el problema de Isaías y purificándole de todo pecado.

Inmediatamente en el versículo 8 encontramos el llamado a Isaías y su respuesta. Su SI a Dios es inmediato y para siempre.

Y por último los versos 9 y 10 nos hablan de la misión de Isaías.

Este mismo esquema podemos encontrar en el Evangelio de San Lucas, en el relato de la anunciación del Angel a la Virgen María.

Primero la manifestación de Dios (la Teofanía) y el saludo del Angel expresándole su vocación y misión (versículos 26 al 33 del capítulo 1 del Evangelio según San Lucas). La dificultad que presenta María en el verso 34. La intervención de Dios y la superación del problema en los versos 35 al 37 y por último el FIAT (SÍ) de María.

Ahora, ¿Qué conclusiones podemos sacar del análisis de estos textos bíblicos?

Notemos que siempre en primer lugar se encuentra la Teofanía, la manifestación de Dios. Podemos decir, en nuestras palabras, la experiencia de Dios. Esto es fundamental en la vida de quien quiere servir a Dios y, sobre todo, en la vida de quien quiera cantar y hacer cantar a la comunidad, de quien quiere animar a ese hijo de Dios y hermano nuestro. Por eso debemos preguntarnos ¿Cómo es mi experiencia de Dios? ¿He tenido un encuentro profundo con aquel a quien estoy cantando? ¿Me he dejado anunciar por el Angel como lo hizo María? ¿He visto al Señor sentado en el Trono excelso? ¿He visto sus serafines y los he escuchado decir "SANTO, SANTO, SANTO"?

Dios nos necesita... te necesita para que muchas personas puedan conocerlo a través de nuestros cantos, a través de la música que el Señor nos inspira. Pero, primero hace falta que nosotros le conozcamos a Él. Dios necesita de músicos que primero se dejen llenar de su presencia, se dejen amar por Él, se dejen sanar para luego recién después enviarnos a servir con la música.

El encuentro del hombre con Dios provoca muchas veces confusión y lo hace reconocerse nada delante de ÉL, imposibilitado de recibir su misión. El signo evidente lo encontramos en el profeta Isaías: "Ay de mí que estoy perdido pues soy un hombre de labios impuros...". Pero Dios no se queda con el "Ay" de Isaías ni tampoco se queda con el nuestro. Él viene a nuestro encuentro a liberarnos de lo que nos impide cantarle y alabarle y en nuestra pobreza viene a manifestarse glorioso, "por eso de ahora en adelante todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque ha hecho en mi favor maravillas...".

Es imprescindible encontrarnos con Dios, pero no solamente "una" vez, sino diariamente, el llamado de Dios es constante, cada mañana, cada día. Él está pronunciando tu nombre, para que le respondas como Isaías: "Heme aquí Señor". Para que le des el Fíat, tu SI como María diciendo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mi según tu palabra". Si juzgamos que ya hemos tenido un encuentro con Dios y que ya le hemos dicho que SI, debemos recordar que la Palabra de Dios es eterna, que el llamado de Dios es un continuo llamado, es un llamado que no tiene tiempo ni espacio y que ahora mismo está haciéndote para que tu respuesta sea hoy, ahora, actual.

Los invitamos pues hoy en la presencia de Dios, a encontrarnos con Él, a dejarnos encontrar, a dejar que Él nos salude y que el poder del Altísimo nos cubra con su sombra. Los invitamos a ver al Todopoderoso sentado en el trono excelso rodeado de sus ángeles, serafines y toda la corte celestial y dejar que el mismo Dios toque nuestros labios impuros con su amor abrazador y de esa manera nos purifique para la tarea que nos llama a realizar.

Pongámonos hoy en su presencia, dejemos que su amor no inunde para que, como María, seamos dignos de cantar y de hacer cantar a nuestros hermanos: "Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegra en Dios mi salvador porque ha puesto los ojos en la humildad de su esclava... "

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