Hay que vivir bien la afectividad que es el sector de la experiencia humana que abarca todas las necesidades ligadas a las relaciones humanas. A veces los reclamos en los matrimonios vienen de las mismas carencias afectivas que padecen ambos; si un matrimonio se vuelve reflexivo y no vive la parte emocional no sirve para ser feliz y entra en una estreches taxativa.

El no dialogar hace daño en la pareja, se cae en un individualismo y a la larga se fragmenta, tiene que haber una aceptación recíproca, coherente en el caminar juntos, tomados de la mano, un ponerse en el otro, en esa opción de vida que hicieron libres por amor.


Deben plantearse la necesidad de una mirada introspectiva que les permitan asumirse en su propia realidad (pastoral, familiar, social, etc.), a veces distinta a la imagen que quieren dar y que, supone, responde a las expectativas de los demás (que siempre están de sobra). A partir de este planteo y de sus propias originalidades deberán asumir el compromiso de ser ustedes mismos, para poder valorar las cosas objetivamente, acrecentar el margen de tolerancia ante las limitaciones, vivir en comunión, diálogo, fraternidad, etc.


En el fondo siempre en el matrimonio también debe hacer opciones en la vida, cada día, siempre dominando las presiones e influencias del entorno social.


Tendrán que conservar la unidad interior cómo el primer día, más allá de las aprobaciones o desaprobaciones, lo fundamental es hacer la voluntad de Dios ¿Cómo? Con la oración, los sacramentos, haciendo el bien o por lo menos tratando, portándose bien, además un buen discernimiento, notando por donde pasa la gracia distinguiendo con acierto. Dios es amor permanece siempre fiel, somos nosotros que nos desviamos por otros caminos. En el nombre de Dios los aliento a ser discípulos en el mundo de hoy en esta realidad dicotómica asediada por el placer. Jesús nos invita a vivir el mandamiento nuevo: que nos amemos los unos a los otros como él nos ama, y nos dijo que por ese amor reconocerían todos que somos sus discípulos. Que el Espíritu Santo encienda el fuego de su amor en ustedes, pero, que realmente se note. Cada día por estar alegres den gracias a Dios, en la mañana hagan oraciones sinceras, en el trabajo pongan una buena intención. Ante un error de los demás sean indulgentes, si ustedes son culpables busquen el arrepentimiento antes que llegue la noche, ante un fracaso vuelvan a empezar. Sean humildes ante una buena acción, alivien el dolor de quien sufre.

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