El cristianismo es un llamamiento al estudio, a la oración y a la santidad. Es también un llamamiento a "ir" y a "llevar a los demás" los frutos de ese estudio, de esa oración y de esa santidad.

El verbo "ir" aparece más de 1500 veces en la Biblia, más de 200 en el Nuevo Testamento. Veamos algunos ejemplos del Evangelio según San Mateo.

0
0
0
s2sdefault

Queridos Hermanos y Hermanas:
1. En este año dedicado a la Eucaristía, la Jornada Misionera Mundial, nos ayuda a comprender mejor el sentido “eucarístico” de nuestra existencia, reviviendo el clima del Cenáculo, cuando Jesús, en la víspera de su pasión, se ofreció a sí mismo al mundo: “El Señor Jesús, la noche en que fue entregado, tomó pan, y después de dar gracias, lo partió y dijo: Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en conmemoración mía” (1Cor 11, 23–24).

0
0
0
s2sdefault

Aunque no se les ocurriría aplicar ese título a sí mismas, las buenas madres católicas son evangelizadoras de primera.

Margaret Magner Hahn enseño a rezar a sus seis hijos tan pronto como aprendieron a hablar, y los hacía cantar "La Fe de nuestros Padres" y "María Inmaculada" antes de que fueran al jardín de infancia. Puesto que lo demostraba con toda claridad, ninguno de sus hijos tuvo jamás la menor duda de que para Margaret era sumamente importante tener una estrecha relación con Dios.

0
0
0
s2sdefault

Todo el mundo conoce el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Por otro lado, nadie ignora el mandamiento nuevo: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado". Sin embargo, pocos conocen el gran mandamiento. El gran mandamiento fue el último que Jesús resucitado comunicó a los suyos antes de ascender a los cielos. Con el esplendor de su resurrección dijo solemnemente a los suyos: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra". Nunca una orden había sido introducida con tanta autoridad.

0
0
0
s2sdefault

Alimentarnos de la Palabra para ser «servidores de la Palabra» en el compromiso de la evangelización, es indudablemente una prioridad para la Iglesia al comienzo del nuevo milenio. Ha pasado ya, incluso en los Países de antigua evangelización, la situación de una «sociedad cristiana», la cual, aún con las múltiples debilidades humanas, se basaba explícitamente en los valores evangélicos. Hoy se ha de afrontar con valentía una situación que cada vez es más variada y comprometida, en el contexto de la globalización y de la nueva y cambiante situación de pueblos y culturas que la caracteriza. He repetido muchas veces en estos años la «llamada» a la nueva evangelización. La reitero ahora, sobre todo para indicar que hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impregnar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés. Hemos de revivir en nosotros el sentimiento apremiante de Pablo, que exclamaba: «¡ay de mí si no predicara el Evangelio!» (1 Co 9,16).

0
0
0
s2sdefault