misterio pascual

Los discípulos de Jesús resucitado, ahora, como al principio muchos tienen miedo y se resisten a creer en él. Hasta cierto punto es lógico con todo lo que han visto y oído. Por eso, y por otras cosas el desplome de toda ilusión y esperanza en algunos. Jesús con sus cinco apariciones quiere reafirmar el gran misterio: ha resucitado y está en medio de nosotros como lo había prometido.

Kerigma es igual a Misterio Pascual, misterio pascual es: vida, pasión, muerte, resurrección y glorificación de Nuestro Señor Jesucristo, el Hijo de Dios y nuestro salvador. Todo esto no visto por separado, sino en conjunto. Este Gran Misterio es estudiado durante cincuenta días, pero, se “filtra” en todas las misas pascuales de la cincuentena pascual, sobre todo, los domingos. Lo celebramos litúrgicamente en el tiempo, pero, también lo celebramos durante todo el año. El católico como buscador de Dios debería de ser más “provocativo” y despertar a la unidad celebrativa como testigo personal del encuentro con Jesús resucitado; ya que tiene el espíritu de la verdad que hace que su fe sea atrayente y, sobre todo, ejemplar. Pues cada cristiano es otro Cristo en la tierra para salvación del mundo: todo bautizado en un misionero…

Jesús resucitado propone a sus discípulos una interpretación mesiánica del Antiguo Testamento en su conjunto (ley de Moisés, profetas y salmos). Este mensaje o enfoque escriturístico suponía para ellos una novedad tal que rompió por completo los esquemas con que los letrados judíos explicaban la ley mosaica al pueblo. Para su mentalidad era impensable un Mesías que jugara a perder. No el triunfo debería de ser suyo de antemano (como lo anuncian las Escrituras) y su victoria sería no sólo espiritual sino también político-social para Israel, al inaugurarse la anunciada era mesiánica, según afirmaba la tradición… Sin embargo, les avisa Jesús (y aquí está su desilusión), el Mesías, el heredero del trono de David es, también, el siervo sufriente de Yavé (Is. 53), que da su vida por el pueblo y llega a la gloria a través de una muerte ignominiosa… aparentemente aparecía como un fracaso rotundo… “Nosotros creíamos”… dicen los discípulos de Emaús. Entonces Jesús entra más a su vida de fe por medio de las Escrituras.

Jesús acumula pruebas físicas de su identidad, que evidencian su humanidad corpórea, si bien glorificada; lo cual explica el que en un primer instante no lo reconozcan sus discípulos (como cuando nos arreglamos para una boda). Pero ellos, después de un proceso gradual de fe y con base en su experiencia y contacto personal con el Señor resucitado, acabarán por reconocer que no es otro que el mismo Jesús de Nazareth, su maestro, que murió y está vivo porque ha resucitado. Y si el contacto visual resultara insuficiente Cristo añade otra prueba de identidad mesiánica: la lectura cristológica del Antiguo Testamento. Esta catequesis tuvo poco éxito por su falta de fe ilustrada y parcial.

Conclusión:

¿Por qué aún dudan muchos cristianos en creer en Jesús resucitado? ¿Será porque la gente busca seguridad más que riesgos? O ¿Por qué la fe mira más hacia lo invisible -que no irreal- y, por tanto no entra de forma inmediata? “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” (He. II, I).

Creer en Cristo no supone llenarnos la cabeza de razonamientos que más nos pueden confundir que ayudar. Lo racional está en la oferta de salvación que ofrece Jesús: el Padre, su Padre, quiere que seamos sus hijos y quiere que donde Él esté también estemos nosotros. El mecanismo es de entrega, confianza, encuentro personal. Metástasis: el corazón tiene sus razones que la razón no comprende. El corazón siente a Dios, no la razón. La fe es razonable porque le ayuda el hombre a ser más digno de serlo. El Espíritu que resucitó a Jesús es el mismo que nos permite creer en Jesús resucitado…

Pbro. Juan Manuel Aguilar Miranda

fuente: http://elmanana.com.mx/opinion/63975

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