Primer Principio: El designio salvífico de Dios.

Como primer fundamento de esta Teología pastoral hemos de colocar el designio de Dios que quiere salvar a todos los hombres. Es un apotegma bíblico elemental que "Dios nuestro Salvador quiere que todos los hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad" (1Tm 2,3-4). Jesús anunció lo mismo por negativa: "EL Padre que está en el cielo no quiere que se pierda ni uno solo de estos pequeños" (Mt 8,14).

No podemos detenernoss aquí mucho más en esto, pero apreciemos el insondable amor del Creador por su creatura. Por si un día ésta se perdía por el pecado, Dios imprimió en ella un sello indestructible, su "imagen y semejanza" (Gen 1,26), que es como un inmenso clamor de la creatura que, aun a su pesar, reclama por hallar a su Dueño. Algo que los Pastores nunca hemos de olvidar, sobre todo cuando nos devanamos los sesos para ver por donde comenzar una acción evangelizadora. A pesar de las apariencias en contrario, el sello impreso por Dios en el hombre es siempre mucho más dinámico que el pecado de este.

Segundo principio: Dios salva por medio de Jesucristo.

En amalgama sólida con el principio anterior, hay que poner un segundo: que Dios quiere salvar a todos los hombres por medio de Jesucristo y mediante la fe en él.
Aquí a algunos le surgen objeciones que sienten muy serias, pues no ven como semejante afirmación teológica condiga con la realidad histórica, y menos con las estadísticas socio-religiosas que manejan. " ¿No ves te dicen- que las cifras cantan? Mucha gente nunca ha oído hablar de Cristo, y sin culpa ninguna de ellos. Además los países que lo conocían, como los europeos, que hasta hace poco mandaban misioneros, decrecen notablemente en su población, mientras también pierden rápidamente la fe y ya ni tienen vocaciones para ellos mismos"
De hecho los datos estadísticos parecen ciertos. Y, sin embargo, no es legítimo deducir de ellos una conclusión teológica contraria al sentido explícito del Nuevo Testamento. La afirmación del apóstol Pablo en el areópago de Atenas es más contundente que cualquier comprobación histórica o estadística socio- religiosa. "Dios, que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él... que da a todos la vida, el aliento y todas las cosas... pasando por alto el tiempo de la ignorancia, manda a todos los hombres, en todas las partes, que se arrepientan por medio de un Hombre que él ha destinado y acreditado delante de todos, haciéndolo resucitar de entre los muertos" (Hch 17, 24-25, 30-31). No menos explícito fue le apóstol Pedro el día de Pentecostés, al enseñar que el don del Espíritu Santo, la Promesa de Dios que se cumple por la conversión y el bautismo en nombre de Jesucristo. "Es para todos ustedes y para sus hijos, y para todos los que están lejos" (Hch 2, 38-39).
Ríos de tinta le ha llevado a la Teología el tema de cómo se pueden salvar los que, sin culpa alguna, nunca oyeron el nombre de Jesucristo, y por ello no tuvieron oportunidad de creer en él. No baste constatar a la Teología se halla aquí ante una dificultad a resolver. Pero ésta para nada invalida la verdad proclamada de que "Dios manda a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan por un Hombre resucitado" Al contrario, debe ser un acicate para conocer mejor todos los aspectos revelados del designio salvador de Dios, y formular, en consecuencia, una respuesta teológica adecuada. Al margen de toda dificultad académica, el cristiano tiene de sobra para deleitarse con la imagen evangélica de Jesús, "el amigo de los pecadores"(Mt 11,19) , que "los recibe y come con ellos"(Lc 15,2)"el Hijo del hombre que vino a buscar y salvar lo que estaba perdido"( Lc 19,10). El Nuevo Testamento es, en gran medida, la contemplación de la misericordia de Dios manifestada por medio de Jesucristo, que tomó la misma condición humana de todos (Hb 2,11), " que se entregó en rescate por todos "(1Tm 2,6), "que murió por todos"( 2Co 5,14). " que desde la cruz atrae hacia sí a todos " (Jn12,32) "Porque si la falta de uno solo (Adán) provoco la muerte de todos, la gracia de Dios y el don conferido por la gracia de un sólo hombre, Jesucristo, fueron derramados mucho más abundantemente sobre todos " (Rm 5,15).
Mñor. Carmelo Juan Giaquinta

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