Al hablar de la evangelización, hay quienes dicen: "todo lo que puedo hacer es orar". La manera deprimente en que pronuncian estas palabras muestran que no consideran a la oración por lo que es: la más urgente e importante de todas las tareas. En su encíclica Redemptoris Missio, el Papa Juan Pablo II expresa la primacía de la oración diciendo: Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual: oración .... La oración debe acompañar el camino de los misioneros, para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina (R.M. 78).

He aquí otras dos citas de Redemptoris Missio que explican exactamente porque, sin la oración, la Iglesia estaría condenada a fracasar en su misión: "La Iglesia ... sirve ...al Reino con su intercesión, al ser éste por su naturaleza don y obra de Dios" (R.M. 20). "La misión ... no se basa en las capacidades humanas, sino en el poder del Resucitado".

San Pablo dice lo mismo con su acostumbrada y contundente claridad: "¿Qué es pues Apolo? ¿Qué es Pablo? ... Servidores, por medio de los cuales habéis creído, y cada uno según lo que el Señor le dio. Yo planté, Apolo regó; mas fue Dios quien dio el crecimiento. De modo que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios que hace crecer" (1Cor.3,5-7).

La oración pone el poder de Dios al alcance del hombre, y ello es exactamente lo que necesitamos para cumplir con nuestra misión. Si la misión es una obra de Dios basada en el poder del Resucitado, entonces antes que nada necesitamos de la oración como único y solo medio de poder aprovechar ese poder.

A lo más podemos llamarnos a nosotros mismos instrumentos de Dios, "siervos inútiles" que hacemos simplemente lo que debemos hacer (Lc.17,10). Así pues, ¿qué puede haber de más emocionante? Dios está haciendo una labor que es propiamente suya, llevando la salvación con el poder de Cristo Resucitado. Sorprendentemente nos hace partícipes de su esfuerzo divino, y ello es aún más emocionante que cualquier cosa que pudiéramos hacer por nosotros mismos.

Nuestra misión es más difícil que caminar sobre las aguas, multiplicar panes y peces o curar enfermos. Implica que hagamos resucitar a los que han muerto por el pecado, que calmemos las tempestades de las pasiones humanas que son motivo de división y que seamos instrumentos de sanación en la paz y la reconciliación. Esta misión cuenta con nuestra asistencia en nuevos actos de creación en que conduzcamos a los seres humanos a una nueva vida de santidad de hijos e hijas de Dios.

Es la mayor, la mejor, la más importante y la más ardua de las tareas que alguien haya querido enfrentar. Y es por eso que necesitamos de la oración. Hoy las naciones almacenan misiles para las guerras. Nosotros debemos aprovisionarnos de las gracias de Dios mediante la oración. La oración produce gracias sobrenaturales que por su mismo nombre tienen las funciones de hacer posible lo imposible.

La Biblia nos da convincentes ejemplos de gente que pudo hacer lo imposible con la oración: "Mientras Moisés tenía alzada las manos, prevalecía Israel;... Se le cansaron las manos a Moisés, y ... Aarón y Jur le sostenían las manos, uno a un lado y otro al otro. Y así resistieron sus manos hasta la puesta del sol. Josué derrotó a Amalec y a su pueblo" (Ex. 17,11-13). También otros textos subrayan la extraordinaria eficacia de la intercesión de Moisés: Nm. 14,19-20 y Dt. 9,19-20.

No contento de sus solas oraciones, San Pablo rogó constantemente a los demás que intercedieran por el éxito de su ministerio: Ef. 6,18-19 ; Col.4,3-4 y 2Tes. 3,1.

Santa Mónica oró 32 años por su hijo, y no fueron sus palabras sino sus oraciones las que dieron fruto. Por fin un obispo le dijo: "Te ruego, ahora vé: no es posible que el hijo de tantas lágrimas muera". Murió a los 55 años, a los 9 días de que Agustín, su hijo fuera bautizado.

El Papa Juan Pablo II escribe en Redemptoris Missio que: El misionero ha de ser un "contemplativo en acción", ... El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creíble. El ... debe poder decir como los apóstoles: "lo que contemplamos... acerca de la Palabra de vida ..., os lo anunciamos" (R.M. 91).

El Papa nos aconseja que hagamos buen uso del poder de la intercesión de los enfermos y de los que sufren: "Recomiendo a quienes ejercen su ministerio pastoral entre los enfermos, que los instruyan sobre el valor del sufrimiento, animándoles a ofrecer a Dios por los misioneros. Con tal ofrecimiento los enfermos se hacen también misioneros" (R.M. 78).

Redemptoris Missio termina con estas devotas palabras: "A la mediación de María, orientada plenamente hacia Cristo y encaminada a la revelación de su poder salvífico, confío la Iglesia y, en particular, aquellos que se dedican a cumplir el mandato misionero en el mundo de hoy" (R.M. 92). Con el apoyo de María, y orando con ella por todas las actividades misioneras de la Iglesia, nuestra tarea no tiene fin y produce frutos sin fin.

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