Cada vez que escucho a alguien decir que la oración es un diálogo entre Dios y el hombre, siempre recuerdo el diálogo que mantuvo Jesús con la samaritana (Jn 4, 10). Una conversación interesante que se inicia con un tema tan natural como la sed.

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La primera razón para rezar por la evangelización, y la mejor, es porque Jesús nos enseñó a hacerlo.

Cuando su corazón humano "sintió compasión al ver a la muchedumbre, porque estaban vejados y abatidos", Jesús nos dijo "... Rueguen pues al dueño de la mies que envíe obreros a su mies." (Mt. 9,36-38).

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Al hablar de la evangelización, hay quienes dicen: "todo lo que puedo hacer es orar". La manera deprimente en que pronuncian estas palabras muestran que no consideran a la oración por lo que es: la más urgente e importante de todas las tareas. En su encíclica Redemptoris Missio, el Papa Juan Pablo II expresa la primacía de la oración diciendo: Entre las formas de participación, el primer lugar corresponde a la cooperación espiritual: oración .... La oración debe acompañar el camino de los misioneros, para que el anuncio de la Palabra resulte eficaz por medio de la gracia divina (R.M. 78).

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