Queridos hermanos en Cristo nuestra Iglesia católica ha recibido las llaves del Reino de los cielos, a fin de que se realice en ella la remisión de los pecados por la preciosa sangre de nuestro Señor Jesucristo y la acción amorosa del Espíritu Santo dador de vida. En esta Iglesia es donde revive el hombre, que estaba muerto por los pecados, a fin de vivir con Cristo, cuya gracia nos ha salvado por el inmenso amor de Dios Padre, que nos ama con una ternura inmensurable, incondicional, eterna, (Jn 3,16).

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