Reflexiones

La gran comisión

Todo el mundo conoce el primer mandamiento: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas". Por otro lado, nadie ignora el mandamiento nuevo: "Ámense los unos a los otros como yo los he amado". Sin embargo, pocos conocen el gran mandamiento. El gran mandamiento fue el último que Jesús resucitado comunicó a los suyos antes de ascender a los cielos. Con el esplendor de su resurrección dijo solemnemente a los suyos: "Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra". Nunca una orden había sido introducida con tanta autoridad.

La importancia del llamado

Muchas veces hemos servido en la Iglesia con nuestra música, con nuestros cantos. Muchas veces nos hemos esforzado en mejorar nuestras técnicas musicales, en renovar nuestros repertorios, en mejorar la calidad del sonido que disponemos; y quizás muy pocas veces hemos reflexionado acerca del motivo de todo lo que hacemos. Vemos que es urgente que alguien cante, que alguien ejecute un instrumento o anime una reunión y nos olvidamos lo que es vital para que lo podamos hacer bien.

En nuestro servicio como músicos y en nuestra vida cotidiana debemos distinguir los asuntos que son urgentes de los asuntos vitales.

He ahí el Cordero

Podríamos preguntarnos ¿Cómo hizo San Juan Bautista su anuncio: 'He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo' (Jn.1,29)

No creo que haya sido en un tono triste en anuncio de su Buena Nueva.

Por años estuvo en el desierto proclamando con todas las fuerzas la penitencia y la conversión (Lc3,3). Lo cual significa que cuando acudían a él de Jerusalén de toda Judea y toda la región de Jordán (Mt.3,5), Juan se encontró cara a cara con todas las debilidades más profundas de la humanidad, con todo el dominante poder de las pasiones humanas, todas las ramificaciones del egoísmo y todos los pecados del hombre.

Valentía para evangelizar

Una de las maneras más rápidas para meterse en dificultades es dedicarse a hacer el bien. Pero los problemas se agravan al evangelizar porque quien evangeliza está haciendo el más grande de los bienes: Abrir los ojos al ciego, dar la perla preciosa al pobre, sembrar esperanza a los abatidos, transmitir el amor de Dios a los que se sienten solos.

La misión del evangelizador es mostrar el camino al que se ha extraviado, liberar al cautivo, animar al débil y sanar al herido. El que evangeliza ofrece el mejor regalo: Jesucristo, como Salvador y Señor. Y lo entrega gratuitamente.

El testimonio personal

Evangelizar y dar testimonio están relacionados muy estrechamente. Los evangelizadores proclaman la Buena Noticia. Los testigos dan testimonio de esa Buena Noticia en el contexto de una experiencia personal. “Recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros, y seréis mis testigos... y hasta los confines de la tierra” (Hch 1,8) Jesús promete fortalecer a sus testigos exactamente con las mismas palabras (Mt. 10,19-20)

La Iglesia, sacramento visible de la salvación

Evangelizar, "proclamar la Buena Nueva a toda la creación" (Mc.16,15), es un mandato dado por Dios a todo cristiano y la razón de ser la Iglesia (Cf. E.N. 14). No obstante, al identificarse con esa palabra un católico puede dar la impresión - por lo menos a algunos - de que no sea católico.

Es posible que otras Iglesias Cristianas hayan monopolizado la imagen popular del significado de "evangelizar". Mas esta palabra dinámica y bíblica debe seguir siendo parte vital de nuestro vocabulario católico y ello puede hacerse en tres formas especiales.

La Iglesia es misionera

Nuestra Iglesia Católica celebra en todo el mundo el Domund, es decir, el Domingo Mundial de las Misiones. Esta celebración se realiza anualmente en el tercer domingo del mes de octubre. En este año del Señor 2008, corresponde al día 19 del presente mes. Se trata de que todos los bautizados tomemos conciencia de que la Iglesia es esencialmente misionera, como dijo el papa Benedicto XVI en Aparecida, Brasil: «Discipulado y Misión son las dos caras de una misma medalla». Por eso, todos los miembros de nuestra Iglesia, laicos, consagrados y sacerdotes, sin excepción, estamos llamados a la santidad y a la misión. Al unísono con el Documento de Aparecida, hoy decimos que todos los creyentes en Cristo somos discípulos misioneros.

La misión cristiana siempre empezó plantando una cruz

Al iniciar el segundo año de preparación al Centenario recordábamos la necesidad que sentimos de volver a los dos signos característicos de nuestra primera evangelización: la Cruz de los Milagros –llamada Cruz fundacional de Corrientes– y la Limpia Concepción de Itatí. Decíamos entonces que debíamos volver a ellos con creatividad, con mirada evangélica y eclesial, para extraer de ellos toda la fuerza que precisamos para la misión.

Falta sembrar la semilla del Evangelio

Porque cada día somos una sociedad más lejos del Dios de Jesús… siguen los hambrientos. Cada vez aparecen más noticias que van de la insensatez a la criminalidad. Y la Iglesia -Pueblo de Dios- ¿qué hacemos? –Falta una catequesis que movilice a la sociedad… en clave cristiana… La gran mayoría de los bautizadas/os viven y actúan en otra clave… ¿Hay cacerolazos por los muertos de hambre? La gran mayoría de asistentes a Misa dominical viven motivados por sus propios intereses. No se sienten involucrados en el "crimen social" que es la muerte prematura de niños, jóvenes y ancianos por falta de alimento. Están convencidos que es responsabilidad del gobierno de turno.

El evangelista Mateo relata la actitud de un hombre que cae de rodillas delante de Jesús pidiendo por su hijo: “se le acercó un hombre y, cayendo de rodillas, le dijo: "Señor, ten piedad de mi hijo, que es epiléptico y está muy mal: frecuentemente cae en el fuego y también en el agua. Yo lo llevé a tus discípulos, pero no lo pudieron curar", (Mt. 17:14-16).','Es un precioso caso de intercesión. Interceder significa rezar: orar por otra persona, ponerse entre Dios y otra persona, caer de rodillas delante de Dios pidiendo por una persona necesitada.

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