Sí, resucitó el Señor, como lo había dicho y estamos contentos.
 
Hace casi dos milenios que Cristo venció la muerte y la alegría que sus discípulos sintieron fue tal, que se mantiene hasta hoy. El conquistar una vida nueva, no sólo confirmó la identidad divina de Jesús, sino impulsó a los discípulos a proclamar al mundo: ¡Está vivo y está con nosotros!
 
Estamos en tiempo difícil para sus discípulos. Los mismos organismos internacionales, procuran restar fuerza a la Iglesia para que su defensa de los valores del Evangelio, se vaya perdiendo. Aborto, eutanasia, matrimonio homosexual, divorcio y toda forma que frene el aumento de la población.
Saben que la fuerza de los discípulos implica la vida misma. Ayer y hoy la Iglesia ha mostrado una fuerza sobrehumana; que no depende de las condiciones humanas, sino de la fuerza que viene de la resurrección.
 
El Bautismo nos une y nos identifica con la Vida resucitada, por eso se es capaz de mostrar a Jesús con la propia vida y dar a conocer el Evangelio en hechos y palabras.
 
Es difícil hacer callar un discípulo de Jesús. Quizá se pierde la fuerza porque no oramos, no compartimos la Eucaristía y no cumplimos el mandato del amor. Pero es fácil recuperarnos. Basta retomar más el diálogo con Jesús, respetar el tiempo para la Eucaristía y cuidar nuestra relación con los demás, siendo un Cristo para ellos y ya. El Señor prometió poder a los suyos para anunciarlo y ahí está la raíz del poder.
 
Debemos prepararnos porque el mundo seguirá arremetiendo contra la Iglesia y con más insistencia. Se trata de escandalizar y desilusionar a los discípulos para que dejen la Iglesia. Se busca y seguirá buscando los errores, debilidades y pecados de los discípulos. Ven ustedes que no se busca un anónimo para denunciarlo, se busca él que se destaca, el que influye en más personas; así el derrumbe es mayor. 
 
Por eso, ánimo amigos: ¡Jesús resucitó! Y ahora es el Cristós, el Señor de todo y de todos.
 
Renovemos nuestra identidad con Cristo y tendremos fuerza y poder. Nadie nos podrá vencer. Tendremos más dominio de nuestro vivir, mejor testimonio para cumplir nuestro discipulado y ojalá seamos misioneros de verdad preparándonos para ello. Si vemos que no mejoramos, paciencia y humildad, porque Dios Padre te está dejando probar, sé perseverante y sigue siempre fiel, que él lo será contigo.
 
La Iglesia en Chile nos invita a vivir un nuevo Congreso Eucarístico que se está iniciando; participemos como misioneros de la Eucaristía.
 
Les deseo amigos, una muy feliz Pascua, renovadora y alegre, que les haga sentir la verdadera alegría por haber sido elegidos por el Cristós y estar con él día y noche para siempre.
 
Bendiciones, Aleluya. Su amigo, Padre Pablo.
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