La primera razón para rezar por la evangelización, y la mejor, es porque Jesús nos enseñó a hacerlo.

Cuando su corazón humano "sintió compasión al ver a la muchedumbre, porque estaban vejados y abatidos", Jesús nos dijo "... Rueguen pues al dueño de la mies que envíe obreros a su mies." (Mt. 9,36-38).

Como siempre, El mismo cumple magníficamente con lo que nos ordena hacer. Durante la última cena lo oímos decir esta oración evangelizadora: "Padre, He manifestado tu Nombre a los que me has dado... les he comunicado lo que tú me comunicaste; ... Como tu me has enviado al mundo, yo también los he enviado al mundo. ... No ruego solo por éstos, sino también por aquellos que por medio de su palabra creerán en mí" (Jn. 17,6-21).

San Pablo el gran imitador de Jesucristo (1 Co. 11,1), también lo imitó en esto: ..., orando ... también por mí, para que no sea dada la Palabra al abrir mi boca y pueda dar a conocer con valentía el misterio del evangelio, ... y pueda hablar de Él valientemente como conviene" (Ef.6,19-20).

Cuando los primeros cristianos se enfrentaron a las persecuciones y rezaron pidiendo valor para evangelizar, la respuesta a su oración fue extraordinaria: "..., todos a una elevaron su voz a Dios y dijeron: ... Señor, ten en cuenta sus amenazas y concede a tus siervos que puedan predicar tu Palabra con toda valentía,... Acabada su oración, retembló el lugar donde estaban reunidos, y todos quedaron llenos del Espíritu Santo y predicaban la Palabra de Dios con valentía" (Hch. 4,24-31).

Sin la oración, la evangelización no puede ser más que un esfuerzo de hombres y mujeres que hacen por los demás lo que pueden. Mas los evangelizadores deben ser instrumentos de lo que Dios puede hacer, transformándonos nada menos que en una "nueva humanidad" (EN 18).

La oración es para la evangelización lo que la gasolina para un automóvil y el aire para la respiración. Sin ella no puede haber ni movimiento ni vida.

Toda evangelización comienza con la oración y de ella depende totalmente.

El pueblo judío oró y el Mesías fue enviado.

Jesús oraba mientras recorría Galilea, Judea y Samaría y mientras elegía y enviaba a sus discípulos.

Los discípulos oraron y pidieron a los demás que oraran por ellos cuando dejaron su entorno humilde y fueron a ganar el mundo para Cristo.



¡Ahora nos toca a nosotros! Y nuestras plegarias deben ser constantes y resolutas. De ella depende la salvación de una innumerable cantidad de gente que aún no ha recibido la fuerza, la valentía y la guía de la Buena Nueva.

Evangelizar significa, entre otras cosas, "predicar y enseñar, ser canal del don de la gracia, reconciliar a los pecadores con Dios, y perpetuar el sacrificio de Cristo en la Santa Misa, memorial de su Muerte y Resurrección gloriosa" (EN 14). ¡He aquí porque rezar merece la pena!

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