Criticar con ánimo negativo porque la Iglesia no ha hecho las cosas mejor a lo largo de historia, es para algunos su única actividad en la Iglesia; pero precisamente nosotros somos la Iglesia, y esto significa que la tarea de hacer mejor las cosas nos corresponde a nosotros.

Por tanto antes de criticar a la ligera, se debe hacer un examen de conciencia de cómo estamos desempeñando la labor que Dios nos ha encomendado. El marco de este análisis debe ser el cumplimiento de la vocación a la que todos hemos sido llamados: Evangelizar. Esta es la misión que Dios encomendó a Jesús, y Jesús a su vez la hizo extensiva a todos nosotros (Lc.4,18-43; Jn.20,21; Mt.28,19). Compartimos la misma misión que el Padre confió a Jesús: anunciar la Buena Nueva a toda la creación.

Muchos se la pasan cómodamente, creyendo que esta tarea fue reservada solamente para los sacerdotes, pastores y misioneros itinerantes. Se les olvida que evangelizar es un derecho y una obligación de cada bautizado. Algunos paterfamilia pueden incluso permanecer ciegos al hecho de que su principal responsabilidad con sus hijos es hablarles de Jesucristo; no saben que compartir con ellos el Pan de Vida, es más importante y necesario que darles pan para sus estómagos.

Ganar o perder la vida depende de escuchar y responder a la Buena Nueva (Mc.16,15-16; Mt,28,18-20). Estamos llamados a ser parte de el equipo vencedor que anuncia la victoria de Jesús. Pudiera alguien dejar la proclamación de las Buenas Nuevas, si "el mundo entero" (Mc.16,15), toda la gente que le rodea en la oficina, fábrica o escuela, todos aquellos que conoce providencial o accidentalmente tuvieran la oportunidad de escuchar las maravillosas Buenas Nuevas de la salvación, incluso si él se mantuviera en absoluto silencio.

Pero si para conocer a Cristo, una persona nos necesita como mensajeros de Dios, cometeríamos el más grave de todos los pecados de omisión si no lo hiciéramos. ¿Cómo ser tan egoísta, para no compartir las palabras de salvación al mundo que agoniza? Cristiano que no comparte a Jesús con los demás no es plenamente cristiano.

Si en el juicio final se castigará a quien haya negado un vaso de agua al sediento, ¿qué le sucederá al que no haya compartido la Fuente de Agua Viva con los peregrinos sedientos de felicidad?

En la exhortación apostólica sobre la evangelización el Papa Pablo VI pregunta: "¿Podemos ganar la salvación si por negligencia, temor o vergüenza - lo que San Pablo llama "sonrojarse por el evangelio" - fallamos en predicarlo?" (EN 14, 80)

Como cristianos, estamos llamados a ser "sal de la tierra" (Mt.5,13), "Luz del mundo" (Mt.5,14), voz que clama en el desierto del mundo actual: "enderezad el sendero" (Mt.3,3).

Nuestra vocación es ser "pescadores de hombres" (Mt.4,19), "pastores en busca de la oveja perdida"(Mt.18,10.12) y "testigos de Cristo hasta los confines de la tierra" (Hech.1,8).

Todo esto es un llamado a evangelizar. Si el llamado viene de Dios mismo, debemos responderle y cumplir lo que nos corresponde.

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