El 26 de octubre, celebramos la fiesta litúrgica de San Demetrio, gran mártir. Un santo, que vivió en el tercer siglo de cristianismo, pero muy actual y desafiante para nuestra época.
Fue educado en la fe cristiana; su padre era un alto funcionario del imperio Romano. El emperador Maximiano nombró a Demetrio procónsul, una especie de gobernador de Tesalónica. Demetrio, a pesar de ocupar un alto cargo en el Imperio, profesaba abiertamente su fe cristiana. Por este motivo el Emperador lo encarceló. En la cárcel Demetrio bendijo a su discípulo Néstor para la lucha con el gladiador Lius, a quien nadie podía vencer. Néstor enfrentó a Lius con la cruz en una mano y lo mató. Al enterarse el Emperador de este incidente, ordena matar a Demetrio. Lo matan traspasándolo con una lanza, por eso se lo representa con una lanza en su mano como trofeo y la palma como signo de martirio.


Su cuerpo se encuentra en la iglesia que lleva su nombre en Tesalónica. Después de 100 años su cuerpo se conservaba incorrupto y aún hoy mana aceite perfumado con poder sanador.
San Demetrio es un ejemplo muy actual de fidelidad a Jesucristo, quien prefirió entregar su vida en lugar de renegar de Jesús el Señor. Pierde su puesto político, su poder y su vida, como Jesús, pero no se somete a los poderosos de la época, enemigos de Dios.
Sería muy sencillo y conveniente esconder su cristianismo, fingir y aprovechar de su puesto, como lo hacen tantos falsos cristianos de hoy. Llevan brujos en lugar de Jesucristo a las canchas y oficinas y se jactan de ello.
El signo que estamos siguiendo a Jesús con fidelidad es justamente la persecución. Jesús nos previene sin equívocos: “Si me persiguieron a mí, también los perseguirán a ustedes”, (Jn: 15:20).Los Apóstoles y los primeros cristianos era terriblemente perseguidos, torturados y asesinados, y aún hoy se repite esto en diversas latitudes del mundo.
San Pedro, como todos los demás Apóstoles, tenía muy clara su postura como seguidor del Maestro. Cuando intentaron prohibirle predicar a Jesucristo, el respondió: “Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres”, (Hech. 5:28-29). 
Esto significa no someterse, no venderse a ningún poder de turno, que pretenda interferir en nuestra vida cristiana.
En la Biblia tenemos un caso patético pero también actual; Esaú vende a Jacob, por un plato de lentejas, su dignidad de primogénito: “Esaú dijo a Jacob: "Déjame comer un poco de esa comida rojiza, porque estoy extenuado". Fue por eso que se dio a Esaú el nombre de Edóm. Pero Jacob le respondió: "Dame antes tu derecho de hijo primogénito". "Me estoy muriendo", dijo Esaú. "¿De qué me servirá ese derecho?". Pero Jacob insistió: "Júramelo antes". El se lo juró y le vendió su derecho de hijo primogénito. Jacob le dio entonces pan y guiso de lentejas. Esaú comió y bebió; después se levantó y se fue. Así menospreció Esaú el derecho que le correspondía por ser el hijo primogénito”, (Gen. 25: 30-34). 
Qué actual es este pasaje bíblico – hoy también traicionan su consciencia y su dignidad de hijos de Dios y seguidores fieles de Jesucristo, vendiendo su voto y a veces hasta su cuerpo por dinero, electrodomésticos, un puesto o para ingresar en alguna fuerza del orden, etc.
En el bautismo fuimos consagrados sacerdotes, reyes y profetas. La Palabra de Dios nos enseña: “ustedes, a manera de piedras vivas, son edificados como una casa espiritual, para ejercer un sacerdocio santo y ofrecer sacrificios espirituales, agradables a Dios por Jesucristo” (…) Ustedes, en cambio, son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido para anunciar las maravillas de aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz”, (1Ped 2: 5 y 9).
Profeta no es sólo aquel que anuncia-predica o predice el futuro, sino también aquel que denuncia las injusticias y corrupción de los poderosos, sin temer a las consecuencias.
Parafraseando a Mandela: “No me preocupan los ataques de los malos, sino el silencio de los buenos”. Esto incluye también la cobardía de los cristianos, que callan y no ejercen el don recibido en el bautismo como profetas. Jesús, Hijo de Dios, era un gran profeta, por eso lo crucificaron.
Gandhi, el gran pacifista de la India decía: “Me gusta el Cristo de ustedes. Lo que no me gustan son los cristianos, no se parecen en nada al Cristo de ustedes”. 
Qué terrible es escuchar esto, pero cuanta verdad esconde. Seguimos vendiendo nuestra dignidad por un plato de lentejas. Hombres y mujeres, que ingresan pobres a la política y se vuelven millonarios por arte de magia. ¿Se gana tanto ejerciendo la política? Un empleado o un pobre colono, trabajan duro toda su vida y logran poco o nada… 
Todos comentan bajito, pero no denuncian, porque temen perder algo de lenteja o que sigan quemando iglesias. En algunos puntos del país ya llegó la justicia pero en otros…el pueblo humillado, empobrecido y sin dignidad, sigue esperando.
La Palabra de Dios nos presenta un caso genial, un modelo de profeta - pícaro y valiente. Se refiere al profeta Natán, quien enfrenta y denuncia al rey David, por el asesinato que había cometido, matando a Urías para apoderarse de su esposa Betsabé: “Una tarde, después que se levantó de la siesta, David se puso a caminar por la azotea del palacio real, y desde allí vio a una mujer que se estaba bañando. La mujer era muy hermosa, (2Sam 11:2); "Pongan a Urías en primera línea, donde el combate sea más encarnizado, y después déjenlo solo, para que sea herido y muera" (2Sam 11:15); “Entonces el Señor le envió al profeta Natán. El se presentó a David y le dijo: "Había dos hombres en una misma ciudad, uno rico y el otro pobre. El rico tenía una enorme cantidad de ovejas y de bueyes. El pobre no tenía nada, fuera de una sola oveja pequeña que había comprado. La iba criando, y ella crecía junto a él y a sus hijos: comía de su pan, bebía de su copa y dormía en su regazo. ¡Era para él como una hija! Pero llegó un viajero a la casa del hombre rico, y este no quiso sacrificar un animal de su propio ganado para agasajar al huésped que había recibido. Tomó en cambio la oveja del hombre pobre, y se la preparó al que le había llegado de visita". David se enfureció contra aquel hombre y dijo Natán: "¡Por la vida del Señor, el hombre que ha hecho eso merece la muerte! Pagará cuatro veces el valor de la oveja, por haber obrado así y no haber tenido compasión". Entonces Natán dijo a David: "¡Ese hombre eres tú!”, (2 Sam 12:1-7). 
Que Dios, por la intercesión y oraciones de San Demetrio, haga surgir muchos testigos valientes, profetas intrépidos como Natán, gobernantes honestos y fieles a Jesucristo como San Demetrio, que sirvan al pueblo y no se sirvan de él. 
Esto necesitan nuestros pueblos, colonias y nación, hundida en la corrupción durante décadas, corrupción impune y cristianos que guardan silencio por temor a perder su plato de lentejas. Amen

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