Mujeres evangelizadoras

En la antigüedad, inclusive en los tiempos de Cristo, las mujeres eran consideradas personas de segundo rango y no eran tenidas en cuenta. Al punto que el hombre oraba todos días de la siguiente manera: “Te doy Gracias Señor por no haberme creado esclavo, pagano ni mujer”.

Es Jesucristo quien elevó la dignidad de las mujeres, cambió la mentalidad machista de la época y rompió los esquemas esclavizantes. Jesús respetaba a las mujeres, las amaba, las consideraba iguales en dignidad a los hombres. y les ayudaba en sus necesidades y sanaba sus enfermedades:

Resucitó al hijo único de la mujer viuda, (Lc. 7: 12-15).

Perdonó a la mujer sorprendida en adulterio, (Jn. 8:3-11).

Sanó a la mujer hemorroísa, (Mt. 9:20-22).

Habló con la Samaritana, (Jn. 4:7-42).

A su vez, las mujeres respondieron a Jesús con entusiasmo, convirtiéndose en sus principales aliadas: creyeron en él, lo siguieron, colaboraban en su plan salvador y le ayudaban con sus bienes: “Jesús recorría las ciudades y los pueblos, predicando y anunciando la Buena Noticia  del Reino de Dios. Lo acompañaban los Doce y también algunas mujeres que habían sido curadas de malos espíritus y enfermedades: María, llamada Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, esposa de Cusa, intendente de Herodes, Susana y muchas otras, que los ayudaban con sus bienes, (Lc.8:1-3).

Dos mujeres, Marta y María eran sus amigas, en su casa Jesús se alojaba cuando regresaba de las largas y agotadoras travesías y ellas se desvivían por atenderlo: “Mientras iban caminando, Jesús entró en un pueblo, y una mujer que se llamaba Marta lo recibió en su casa.  Tenía una hermana llamada María, que sentada a los pies del Señor, escuchaba su Palabra.  Marta, que estaba muy ocupada con los quehaceres de la casa, dijo a Jesús: "Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola con todo el trabajo? Dile que me ayude". Pero el Señor le respondió: "Marta, Marta, te inquietas y te agitas por muchas cosas, y sin embargo, pocas cosas, o más bien, una sola es necesaria. María eligió la mejor parte, que no le será quitada", (Lc. 10: 38-42).

Cuando arrestaron a Jesús, los Apóstoles huyeron, pero las mujeres lo acompañaron hasta el Gólgota: “Lo seguían muchos del pueblo y un buen número de mujeres, que se golpeaban el pecho y se lamentaban por él”, (Lc. 23:27).

Incluso después de la muerte de Jesús, las mujeres seguían fieles a Él y deseaban ofrecerle una digna sepultura, ungiendo su cuerpo con ungüentos y perfumes, como era la costumbre de la época: “El primer día de la semana, al amanecer, las mujeres fueron al sepulcro con los perfumes que habían preparado”, (Lc. 24:1).

Jesús resucitado, vivo y glorioso, se aparece primero a las mujeres: “De pronto, Jesús salió a su encuentro y las saludó, diciendo: "Alégrense". Ellas se acercaron y, abrazándole los pies, se postraron delante de él”, (Mt. 28:9).

Las mujeres fueron las primeras evangelizadoras, las primeras en anunciar que Cristo vive, que resucitó de los muertos: “Las mujeres, atemorizadas pero llenas de alegría, se alejaron rápidamente del sepulcro y fueron a dar la noticia a los discípulos”, (Mt. 28:8).

En honor a estas santas mujeres y a todas las mujeres evangelizadoras de la historia de la cristiandad, el segundo domingo de Pascua, la Iglesia Ucraniana celebra el día de las Mujeres Miróforas.

Hoy, dos mil años mas tarde, la situación no cambió mucho, porque las mujeres siguen siendo las mejores y más numerosas evangelizadoras, las más disponibles y entusiastas. La mayoría de los catequistas son mujeres; las mujeres son las que limpian el templo por amor a Cristo resucitado, decoran los santuarios con manteles bordados y flores, pulen los cálices y demás utensilios litúrgicos, cuidan los ornamentos sacerdotales, cantan al Señor en los coros y en los grupos de oración, trabajan en los distintos ministerios parroquiales, visitan a los enfermos, realizan obras de caridad, organizan ferias de platos para recaudar fondos, etc, etc.. Pensemos en los miles de mujeres que se consagran al Señor como hermanas y monjas. Todo por amor a Cristo que las amó con un amor divino y sincero.

¡Hay de nosotros los hombres si no fueran las benditas mujeres!, ¡qué sería de nuestros hogares, comunidades y parroquias, sin las mujeres! y ninguno de nosotros estaría entre los vivientes si no hubiera sido por una mujer - nuestra madre.

Felicitamos a todas las mujeres que trabajan para el Señor resucitado, les agradecemos todo lo que hacen por Cristo y su Iglesia y les pedimos disculpas por las veces que no valoramos su trabajo y esfuerzos.

Que Dios bendiga a todas las mujeres que trabajan para la gloria del Señor y su Iglesia!

Compartir