parroquia

A medida que sigo visitando parroquias a lo largo y ancho de esta gran arquidiócesis, veo todos los días que la vida de fe se vive en el corazón de la parroquia.

Recurrimos a nuestras parroquias para la Eucaristía y los sacramentos. Recurrimos a nuestras parroquias para escuchar la Palabra de Dios, y para reunirnos con el fin de prestar nuestros servicios a los pobres y a otros miembros de nuestra comunidad.

Por lo tanto, la parroquia es realmente el lugar y la fuente de la nueva evangelización, porque ahí se vive todos los días el misterio y la misión de la Iglesia.

La parroquia no es una “institución”. Es más como una familia. Una familia que está centrada en la Eucaristía y en la Palabra de Jesús y unida en el amor mutuo y en la preocupación por el mundo.

Gran parte del trabajo diario de cada parroquia es el fortalecimiento de cada uno de los miembros de la familia parroquial: calmar su hambre, curar sus heridas y darles a conocer la realidad de Dios.

Pero en el servicio a los demás, la parroquia nunca debe estar centrada en sí misma o trabajar para su propio provecho.

Cada parroquia, inclusive la más pequeña y más pobre, debe entender que forma parte de la misión universal que Jesucristo le dio a su Iglesia católica: la de proclamar el Evangelio y hacer discípulos de todos los pueblos.

En “La alegría del Evangelio”, el Papa Francisco escribe: “En todas sus actividades, la parroquia promueve y capacita a sus miembros para ser evangelizadores. Es una comunidad de comunidades, un santuario al que vienen a beber los sedientos en el curso de su viaje, y un centro de constante expansión misionera”.

Creo que el reto de nuestro tiempo es comunicar este nuevo espíritu de expansión misionera a todo lo que hacemos, a todas las instituciones y ministerios en la Iglesia. Ese espíritu misionero empieza “en la fuente”, en la parroquia.

Conforme avanzamos en nuestro trabajo de la nueva evangelización, necesitamos tratar, cada vez más, de encontrar maneras de llevar esta orientación “misionera” a todos los programas parroquiales: la educación religiosa, la preparación sacramental, y a todos los diversos ministerios de servicio. Inclusive el consejo de asuntos económicos y el consejo pastoral tienen que entender que su trabajo tiene como fin el prestar sus servicios a la misión salvadora de la Iglesia.

En nuestras parroquias, tenemos que examinar todas las áreas y preguntarnos: ¿Estamos invitando a las personas a una relación más profunda con Cristo? ¿Estamos invitándolas a un compromiso más profundo con Su Evangelio y Su misión?

Para la nueva evangelización, también necesitamos una comprensión plena de la misión de la Iglesia.

Obviamente, la misión de la Iglesia incluye atraer a la gente a los Sacramentos, especialmente a la Eucaristía y al Sacramento de la Reconciliación. Significa también proclamar la Palabra de Dios y explicarla en la catequesis, en las homilías. Significa proveer a las necesidades espirituales y al bienestar de diferentes comunidades, tales como las familias, los jóvenes y los ancianos. Significa construir nuestro sentido de comunidad y de comunión en el Señor.

Pero la nueva evangelización no es sólo “espiritual”. Es también temporal, corporal y social.

El amor de Dios que experimentamos y compartimos dentro de nuestras parroquias debe ser compartido de muchas maneras diferentes, con nuestro prójimo, en la comunidad en general, más allá de los límites visibles de nuestras parroquias.

Debemos ponernos al servicio de nuestra gente, pero no podemos quedarnos ahí. Tenemos que salir al mundo, con toda la carga que éste tiene de dolor e injusticia, de tristeza y sufrimiento. Y hemos de ser sanadores y reconciliadores, pacifistas y defensores de los débiles e inocentes.

En su mensaje para esta Cuaresma, el Papa Francisco dice: “Queridos hermanos y hermanas, ¡cuánto deseo que todos aquellos lugares en los que la Iglesia está presente, especialmente nuestras parroquias… puedan convertirse en islas de misericordia en medio del mar de la indiferencia!”.

Así que esta semana, en la que ya casi nos aproximamos a la mitad del camino del recorrido cuaresmal, sigamos orando unos por otros.

Oremos también por un sentido de renovación misionera en todas nuestras parroquias. Que podamos hacer de cada una de las parroquias de la Arquidiócesis de Los Ángeles, “una isla de misericordia”.

Y que Nuestra Señora de los Ángeles esté con todos nosotros, conforme peregrinamos juntos en esta hermosa misión de la nueva evangelización.

Mons. José H. Gómez

Fuente: https://www.aciprensa.com/josegomez/la-parroquia-es-el-corazon-de-la-nueva-evangelizacion/

0
0
0
s2sdefault