Vayan, y hagan discípulos míos a todos los pueblos

I. La Ascensión del Señor: el encanto de su partida
1. La fiesta de la Ascensión del Señor tiene las características de las despedidas entrañables, pero en forma centuplicada. Recordemos alguna significativa. Por ejemplo, la partida de un ser querido para un viaje lejano y definitivo. Los que se despiden, aunque se veían todos los días, descubren de pronto el valor infinito del otro. Y querrían que ese momento no terminase nunca. Entre Jesús y los apóstoles pasó algo semejante. En la primera lectura, San Lucas dice que Jesús “se les apareció a sus discípulos y les habló del Reino de Dios durante cuarenta días”. Los apóstoles, por su parte, no querían creer que Jesús partía: “Permanecían con la mirada puesta en el cielo mientras Jesús subía” (Hch 1,3.10). ','2. Otra característica es el regreso a lo cotidiano, pero valorando el tiempo presente viviendo en unidad. Es la mejor manera de recordar al ser querido, y, así, adelantar el reencuentro definitivo. Por ejemplo, los hermanos que se reconcilian a la muerte del padre.


A los apóstoles les sucedió algo semejante. Jesús partió. Pero se dieron cuenta que podían prolongar su presencia y adelantar su regreso mediante la oración común. El libro de los Hechos agrega: “Todos ellos íntimamente unidos, se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos” (Hch 1,13-14).
Entendieron también que comenzaba el tiempo de asumir la misión encomendada: “Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos” (Mt 28,19). De allí, que pronto comenzasen a predicar el Evangelio y a realizar las obras del amor misericordioso, tal como les mandara Jesús: “Por el camino, proclamen que el Reino de los Cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, purifiquen a los leprosos, expulsen a los demonios” (Mt 10,7-8).

II. Una Jornada que nos interroga sobre la predicación
3. Desde 1967, la Iglesia realiza, en este día, la Jornada mundial de las comunicaciones sociales. Este año, con el lema: “Los medios: en la encrucijada entre protagonismo y servicio. Buscar la verdad para compartirla”.
Destaco, brevemente, la relación entre Evangelio y Medios. Se da en la medida en que demos importancia a la catequesis y a la predicación. Por voluntad de Jesús, estas son dos modos necesarios de comunicación que tiene la Iglesia para anunciar el Evangelio. El uso de los Medios modernos es hoy ineludible. Pero son instrumentos que sólo sirven si la predicación de la Palabra es de calidad.
4. Se suele comentar que las Iglesias evangélicas utilizan mucho la radio y la televisión, cubriendo el espacio de casi toda la noche. Y que su feligresía crece. Y que, en cambio, la Iglesia Católica está prácticamente ausente, y pierde fieles. ¿Le sobran medios a esas Iglesias? ¿Le faltan a la Iglesia Católica? Es conocida la débil conciencia del católico argentino sobre su obligación de sostener la obra evangelizadora de la Iglesia en forma integral y sostenida. Pero ¿reside aquí el problema? ¿O éste es, tal vez, más hondo? ¿Quizá una vana conciencia de ser mayoría y la no necesidad de la predicación?

III. Prioridad de la predicación
5. Que la predicación del Evangelio fue importante para Jesús y los Apóstoles, no hace falta demostrarlo. San Pablo enseña que “la fe nace de la predicación y la predicación se realiza en virtud de la palabra de Cristo” (Rom 10,17).
En la reciente Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, el Papa Bendicto XVI señaló: “Cristo se nos da conocer, ante todo, en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la palabra de Dios. Al iniciar la nueva etapa que la Iglesia misionera de América Latina y del Caribe se dispone a emprender, es condición indispensable el conocimiento profundo de la palabra de Dios”. Y el documento final, al plantarse el problema de los que han dejado la Iglesia para unirse a otros grupos religiosos, afirma la necesidad de reforzar el eje de la formación bíblico-doctrinal de los fieles (DA 226). Con lo cual admite la debilidad de la catequesis y de la predicación en la Iglesia.

6. Recordemos la prioridad que les atribuyó el Concilio. Hablando del ministerio de los sacerdotes, dice: “El Pueblo de Dios se reúne, sobre todo, por la palabra de Dios vivo… Los presbíteros tienen como primer deber el anunciar a todos el Evangelio Dios” (PO 4). Y hablando sobre la formación sacerdotal, dice que toda ella “debe estar orientada a formar a los seminaristas como verdaderos pastores de almas, a ejemplo de Cristo”; y que, “han de prepararse para el ministerio de la palabra, especialmente para la catequesis y la predicación” (OT 4 y 19).

7. ¿Es así siempre? ¿Yo, obispo, preparo la predicación orando y meditando? ¿Uds., catequistas, aprecian el ministerio que les ha confiado la Iglesia? ¿Uds., papás, dan importancia a la catequesis que imparten a sus hijos? ¿Nuestros seminarios preparan principalmente para la catequesis y la predicación? ¿La lectura litúrgica de la Palabra de Dios, que se hace los domingos en nuestros templos, es preparada y hecha con esmero?

Apuntes de + Carmelo Juan Giaquinta, arzobispo emérito de Resistencia, para la homilía de la Ascensión del Señor (Mt 28,16-20, Ciclo A).

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