El Catequista, educador de la Fe

I. Presupuestos
1. Observamos y leemos atentamente el título de esta Convivencia: “El Catequista, educador de la Fe”. ¿Qué es lo que nos sugiere? ¿Qué piensa cada uno de ustedes que es?

2. Vamos a comenzar nuestra charla por el final, por la Fe. Porque el Catequista está orientado a la educación en la Fe, a su cultivo en el corazón del catecúmeno. Si queremos entender lo que es el Catequista, cómo éste ha de educar en la Fe, antes hemos de tener idea del valor inestimable de ésta. El apóstol Pedro, en su primera carta, aprecia “la fe (es) … mucho más valiosa que el oro perecedero purificado por el fuego” (1 Pe 1,7).

Si yo fuese cirujano y hubiese de realizar una cirugía, previamente debería conocer y apreciar el cuerpo humano. Pues no se trata simplemente de cortar, sino de cortar en un cuerpo humano, para hacerle bien, y devolverle la salud, no para hacerle mal. Lo mismo, si fuese un joyero. Nadie, ni yo mismo entendería lo que hago, ni sabría cómo hacerlo, si no apreciase el valor de las piedras y metales preciosos con que trabajo. Lo mismo acontece con la educación de la Fe. Sólo conociendo su valor, apreciándolo, podemos educar en ella. El valor de la Fe es, por tanto, el primer presupuesto de nuestra Jornada. Y vamos a meditar un poco sobre ella.

3. El segundo presupuesto de esta Convivencia es que hoy es Domingo, el Día del Señor, en que Jesús resucitó. Toda la vida del cristiano, también la del Catequista y la de los catecúmenos, tiende hacia el Día definitivo del Señor, que no pasará jamás, porque será iluminado por Jesucristo, el Sol invicto, que no conoce el ocaso. Si bien no desarrollaremos este presupuesto, nos dejaremos embargar por la alegría del Domingo.

Ustedes, Catequistas, educadores de la Fe, deben inducir a sus catecúmenos a sentir la alegría del Domingo. Pero antes tienen que sentirla ustedes.

4. El tercer presupuesto es que hoy es la solemnidad de la Santísima Trinidad. Esto nos trae a la mente el Bautismo en el Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Es el término natural de la catequesis de iniciación, que incluye a los otros dos sacramentos: Confirmación y Eucaristía. Son los tres sacramentos de la iniciación cristiana, en cuya catequesis ustedes se afanan. Todos sus desvelos de Catequistas tienen sentido porque un día el catecúmeno se zambulle, se sumerge, se bautiza en Dios uno y trino, obtiene así una vida totalmente nueva, y comienza a vivir con la misma vida de Dios.

¡Queridos catequistas! ¿Tenemos idea de la maravilla que obra el Bautismo? El apóstol Pedro se extasía contemplándola: “Uds. han sido engendrados de nuevo, no por un germen corruptible, sino incorruptible, la Palabra de Dios, viva y eterna” (1 Pe 1,23), escribe en su primera carta. Les recomiendo que la lean entera. Continúa: “Como niños recién nacidos, deseen la leche pura de la Palabra, que los hará crecer para la salvación, ya que han gustado qué bueno es el Señor” (2,2). En su segunda carta les desea a los cristianos “que lleguen a participar de la naturaleza divina, sustrayéndose de la corrupción que reina en el mundo” (2 Pe 1,4).

5. El cuarto presupuesto es que este año, en los Domingos del Tiempo Ordinario, que retomamos después de Pentecostés, leemos el Evangelio de Jesucristo según San Lucas. Lo vamos a tener especialmente presente en nuestra reflexión. Sin embargo, no nos cerraremos a los otros Evangelios, porque si bien los libros así llamados son cuatro, el Evangelio es uno solo.

6. El quinto presupuesto es que venimos de acompañar con nuestra oración a los Obispos de América Latina y del Caribe, que se han reunido en la V Asamblea General bajo el lema “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. Un lema muy catequístico, que también ha de movernos a crecer en nuestra misión y vida como Catequistas.

7. El sexto presupuesto es que hoy, en la Ciudad autónoma de Buenos Aires, donde vivimos, se celebran las votaciones para elegir al nuevo Jefe de la ciudad. Y sabemos que el catecúmeno, cuya fe hemos de educar, a la vez que ciudadano del cielo, es también ciudadano de la tierra. Y que no podría alcanzar definitivamente la ciudadanía celestial si despreciase la terrenal, o si sólo la viviese el día de las elecciones.

I. El precioso don de la Fe

La Fe que se pide en el Bautismo
8. Cuando uno se va a bautizar, sea niño o adulto, se le pregunta: “¿Qué pides a la Iglesia de Dios?”. Y éste (o sus padres y padrinos) responde: “La Fe” (Ritual romano 34). Luego se exhorta a los padres del niño a asumir “el compromiso de educarlo en la fe, para que cumpla los mandamientos de Dios, amando al Señor y a su prójimo como Cristo nos enseñó” (o.c. 36).

No se le pide la Fe a la Iglesia para archivarla, y menos para tirarla. Se la pide para hacerla crecer. Esto da pie a la educación en la Fe, que corresponde primeramente a los padres y padrinos.

La renovación de las promesas bautismales en la Vigilia Pascual

9. A reavivar el don de la Fe, recibido en el Bautismo, estuvo orientado todo el tiempo de Cuaresma, que culminó en la Vigilia Pascual con la renovación de las promesas bautismales. Tan preciosa es la Fe que la Iglesia no escatima esfuerzo. La renovación es un rito sencillo, pero lleno de sentido. Recordémoslo brevemente. Después de bendecir el agua bautismal, el Presbítero nos pregunta por tres veces si renunciamos al Demonio y a toda forma de maldad. Y por tres veces, respondemos: “Sí, renuncio”. Luego, por tres veces vuelve a preguntarnos si creemos en Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo. Y, por tres veces, respondemos: “Si, creemos”. Y luego nos asperge con el agua bendecida solemnemente.

9 bis. Es una pena que, en el Misal argentino (1981), la respuesta sea todavía en plural: “Sí, renunciamos”, “Sí, creemos” (pp. 314-316). Tanto el acto de renuncia al demonio, como de fe en Dios, aunque se hace junto con otros, es un acto personalísimo. Por lo mismo, corresponde decir: “Sí, renuncio”, “Sí, creo”, como está en la edición típica latina: “Abrenuntio”, “Credo”. Confío que así diga la futura edición argentina.

La renovación de las promesas en la Confirmación

10. Es muy conveniente que ustedes examinen cómo preparan la renovación de las promesas bautismales de los candidatos que se van a confirmar. ¿Qué entienden los confirmandos por la triple pregunta: “¿Creen en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo”? ¿Qué entienden uds.? Máxime que, en la Tercera fórmula, es el Párroco o uno de los Catequistas. los que formulan las preguntas de la renovación de las promesas bautismales (cf. Pontifical I, pp. 37-38).

10 bis. En la renovación de las promesas bautismales que se hace en la Confirmación, la nueva edición del Pontifical I, 2005, pp. 31-38, traduce correctamente en singular: “Sí, renuncio”, “Sí, creo”. Se ha abandonado la respuesta en plural de la vieja traducción, 1978, pp. 156-161.

Centralidad de la Fe en el Evangelio según San Lucas

11. La Fe ocupa un lugar central en los cuatro Evangelios y, sobre todo, en el ministerio de Jesús. Para apreciar el valor de esta afirmación, hagamos una especie de vuelo rasante sobre el Evangelio según San Lucas, y observemos los casos en los que Jesús pone en marcha su poder salvador gracias a la Fe en él. Por esta Fe, Jesús:

  • Lc 5,20, perdona los pecados del paralítico y lo cura de su enfermedad;
  • Lc 7,9: cura al siervo de un centurión y lo alaba;
  • Lc 7,50: perdona a la mujer pecadora; (Domingo 11°, 17-06-07);
  • Lc 8,48: cura a la mujer que sufre de hemorragias;
  • Lc 8,50: resucita a la hija de Jairo;
  • Lc 17,19: cura al leproso agradecido;
  • Lc 18,42: cura al ciego de Jericó.

12. Igualmente, conviene observar los casos en los que domina la falta de fe. Ésta, que se da en diversos grados, siempre dificulta que obre el poder salvador de Dios. Por la falta de fe:

  • Lc 1,20: Zacarías queda mudo;
  • Lc 8,25: los Apóstoles sufren en la tempestad;
  • Lc 9,41: el padre del chico epiléptico no obtiene de los Apóstoles la curación;
  • Lc 12,28: los discípulos dudan de la Providencia;
  • Lc 20,5: los sumos sacerdotes y ancianos rechazan a Juan;
  • Lc 22,67: los sumos sacerdotes y escribas rechazan a Jesús;
  • Lc 24,11.41: los Apóstoles tardan en gozar del anuncio de la Resurrección.
  • Lc 24,25: los discípulos de Emaús no ven a Jesús.
  • 13. Después de este vuelo rasante, no hace falta ser un gran biblista para percatarnos que, en San Lucas, la Fe ocupa un lugar central.

Además, el evangelista comienza su escrito con un reproche del Ángel a Zacarías por su falta de fe, y termina con un reproche de Jesús a los apóstoles por su incredulidad: cf. Lc 1,20; Lc 24,11.25.41. Igualmente, continúa con la alabanza de la fe de María (Lc 1,45), y concluye con la alabanza implícita de la fe de las mujeres en Jesús resucitado (Lc 24,11).

Ustedes pueden verificar lo mismo en los otros Evangelios. Sería conveniente que intentasen hacerlo al menos en uno. No es nada difícil. Basta buscar en una Concordancia Bíblica la palabra “Fe” o “Creer”.Así apreciarán mejor la importancia que la Fe tiene para Jesús. Y, por tanto, la que debe tener para nosotros, como cristianos y catequistas.

Centralidad de la Fe en el libro de los Hechos de los Apóstoles

14. Puesto que la obra de San Lucas está compuesta por dos volúmenes, el Evangelio y los Hechos de los Apóstoles, echemos una mirada también a este último libro, que se lee todos los años los Domingos del tiempo de Pascua, y reparemos en los pasajes que nos hablan de la Fe, especialmente en los que tienen un color más catequístico (en cursiva):

  • Hch 2,44: los frutos de la fe en los creyentes;
  • 3,16: la curación del paralítico que pedía limosna en el Templo;
  • 6,5: “Esteban, hombre de fe y lleno de Espíritu Santo”; 11,24: Bernabé;
  • 8,12-13: la predicación de Felipe y el bautismo de los samaritanos;
  • 8,37: la catequesis y el bautismo del ministro etíope;
  • 10,43: Simón Pedro catequiza que “los que creen en él reciben el perdón”;
  • 13,12: el procónsul Sergio Pablo. impresionado creyó;
  • 14,9: el tullido de Listra cree y es curado;
  • 15,7.9.11 los paganos se salvan por la fe en Jesús;
  • 16,1: el caso de Timoteo;
  • 16,15: el caso de Lidia en Filipos;
  • 16,31.34: el caso del carcelero de F.;
  • 17,12: los creyentes de Berea;
  • 17,34: los c. de Atenas;
  • 18,8: Crispo y los c. de Corinto;
  • 19,2.4: la fe imperfecta de los efesios;
  • 20,21: resumen de la predicación de Pablo: convertirse y creer en Jxto.;
  • 24,24: Festo escucha a Pablo y se asusta;
  • 26,16-17: Pablo narra su conversión y su misión entre los gentiles;
  • 27,25: la fe de Pablo.
  • Creerle a Jesús, o no creerle: dilema fundamental

15. Volvamos al Evangelio según San Lucas. A lo largo de todo el ministerio de Jesús, suscitar la Fe en él es lo fundamental. Creerle a Cristo o no creerle: este es el dilema que plantea Jesús con su venida.

Lo apreciamos en varias de las escenas antes citadas. Por ejemplo, en la del paralítico curado: Lc 5,17-26. Los que portan la camilla del paralítico, gente sencilla y solidaria, le creen a Jesús. Los escribas y fariseos, profesionales de la religión, no le creen. Aquel comienza a caminar, espiritual y físicamente. Éstos se mantienen paralizados en su espíritu.

El dilema se aprecia, quizá mejor, en otro caso: Lc 7,36-50, que leeremos dentro de dos domingos (17 junio). La mujer pecadora, tan alejada de Dios, pero que le cree a Jesús: recibe el perdón de los pecados y la paz (v. 50). En cambio, el fariseo que lo invita a su mesa, y los demás comensales, a pesar de su compromiso con la religión y de la cercanía física con Jesús, se mantienen alejados de él y de Dios. A ella, que ama mucho (cree mucho), se le perdona mucho. Al fariseo, que ama poco (cree poco), se le perdona poco.

“Tu fe te ha salvado”

16. Cuánto vale la Fe para Jesús, podemos apreciarlo en la ponderación que hace de ella en el centurión romano, un hombre supuestamente pagano:

“Al oír estas palabras, Jesús se admiró de él, y volviéndose a la multitud que lo seguía, dijo: ‘Yo les aseguro que ni siquiera en Israel he encontrado tanta fe’” (Lc 7,9).

Se aprecia también en la insistencia con que Jesús dice que el hombre se salva por la fe en él. Ejemplos sobran. El caso citado de la mujer pecadora: “Tu fe te ha salvado, vete en paz” (Lc 7,50). El de la mujer que sufre hemorragias: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz” (Lc 8,48). El del leproso samaritano: “Levántate y vete, tu fe te ha salvado” (Lc 17,19). El del ciego de Jericó: “Recupera tu vista, tu fe te ha salvado” (Lc 18,42).

Tener fe es, según Jesús, todo lo que importa. Con ella basta y sobra:

“No temas, solamente ten fe y se salvará” (Lc 8,50),

le dice Jesús a Jairo, cuando éste recibe la noticia de que su hija ha muerto. Se trata, por cierto, de la fe viva en Jesús. Es decir, de la fe con la que se le cree y se lo ama con todo nuestro ser.

Debe sernos claro que “Sólo la Fe salva”. Lo cual no equivale a decir que “La Fe sola salva”. Mientras que “sólo la Fe salva”, “la Fe sola – sin la obras de la Fe -  condena”.

II. La pedagogía de la Fe

“Creo en Dios”: o la Fe como acto integral del hombre

17. En el Credo decimos: “Creo en Dios”, o “Creo en un solo Dios…”, según la formula que usemos: el Símbolo de los Apóstoles, o el niceno-constatinopolitano.

La fórmula “creo en” suena pobre a nuestro oído. Pero analicémosla un poco. No decimos “Creo que Dios existe”. El apóstol Santiago dice que este tipo de Fe no basta para salvarse. La tiene también el Demonio: ¿Tú crees que hay un solo Dios? Haces bien. Los demonios también creen, y sin embargo, tiemblan” (Sant 2,19). Nosotros decimos “Creo en Dios,…”, como cuando decimos “creo en vos”. Los que se aman no se dicen “creo que vos sós fulano”. Eso te lo dice el policía después que mira tu DNN. Los enamorados se dicen “creo en vos”. Y, por lo mismo, creen en todo lo que el otro les revela de sí: “Porque creo en vos, creo también que sós hijo de fulano y de zutana, que naciste en tal fecha, que trabajás de tal cosa, que soy único/a para vos, que no tenés ningún otro amor por sobre el que me tenés a mí,…”.

18. Por ello, el Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que la Fe es un acto integral del hombre, hecho con todas sus fuerzas: “Por la fe, el hombre somete plenamente su inteligencia y su voluntad a Dios. Con todo su ser, el hombre da su asentimiento a Dios que se revela. La Sagrada Escritura llama ‘obediencia de la fe’ a esta respuesta del hombre a Dios que se revela” (142).

El Compendio del Catecismo se expresa de la misma manera: “El hombre, sostenido por la gracia divina, responde a la revelación de Dios con la obediencia de la fe, que consiste en fiarse plenamente de Dios y acoger su Verdad, en cuanto garantizada por él, que es la Verdad misma” (25).

Sujeto y Objeto de la Catequesis

19. A lo largo de los años de la catequesis Ustedes han de exponer el objeto íntegro de nuestra Fe. Pero nunca se olviden que, desde el primer día, tienen que enseñarle al catecúmeno, - que es el sujeto de la Catequesis -, que ha de “creer en Dios”, o “creerle a Dios”, del todo, con todo su ser, con su inteligencia y con su voluntad. Que han de creerle amándolo por sobre todas las cosas. Y de esto denles ustedes testimonio, con su ejemplo y su palabra.

20. Para entender bien la importancia que tiene el acto de Fe viva, escuchen lo siguiente: si el catecúmeno (sujeto) muriese sin bautizarse, pero creyendo en Jesús con Fe viva, e. d. con todo su ser, se salvaría, aunque no se le hubiese expuesto todo el programa de la catequesis con todas las verdades que son objeto de nuestra Fe.

En cambio, si se le expusiese todo el programa (objeto), pero él (sujeto) lo escuchase sólo como un curioso, y no creyese en Jesús y muriese, no se salvaría.

En la práctica, sería muy difícil saber cuando uno participa de la Catequesis sólo como un curioso. Pero la hipótesis nos sirve para entender lo más fundamental de la Catequesis: la importancia de que el catecúmeno (sujeto) haga todo el camino interior hasta llegar a la Fe viva, sin despreciar por el ello el programa completo de la catequesis (objeto).

No olvidemos que lo más importante de la Catequesis es el trabajo interior que realiza el Espíritu Santo en el catecúmeno. Y que el Catequista está para apoyarlo, no para entorpecerlo.

La Fe, una semilla que crece

21. Varias escenas del Evangelio nos muestran que la Fe es como una semilla llamada a crecer. Basta ver algunos textos expuestos arriba que nos hablan de la poca Fe, y cómo esta puede crecer (cf. pf. 12):

  • Lc 8,25: a los Apóstoles asustados en la tempestad, les dice: “¿dónde está la fe de ustedes?”;
  • Lc 12,28: a los discípulos, los catequiza sobre la Providencia: “¡Cuánto más hará por ustedes, hombres de poca Fe!”;
  • Lc 24,25: a los discípulos de Emaús los reprocha: “¡Hombres duros de entendimiento, cómo les cuesta creer todo lo que anunciaron los profetas!”

Tomemos el caso del padre del chico epiléptico

“Al día siguiente, cuando bajaron de la montaña, una multitud vino a su encuentro. De pronto, un hombre gritó: ‘Maestro, por favor, mira a mi hijo, el único que tengo… Les pedí a tus discípulos que lo expulsaran (al demonio), pero no pudieron’. Jesús le respondió: ‘Generación incrédula y perversa…” (Lc 9,37-43).

Contemplemos esta escena, pero complementándola con lo que nos dicen los Evangelios de Marcos y Mateo. De la mano de ellos entendemos mejor el sentido de la reprensión de Jesús y su propósito de suscitar la fe en su poder salvador. Y cómo lo hace a partir de la poquísima Fe que encuentra, que era insuficiente para salvar:

  • “(Dijo el padre del chico) ‘Si puedes hacer algo, ten piedad de nosotros y ayúdanos’. ‘¡Si puedes…!, respondió Jesús, ‘Todo es posible para el que cree’. Inmediatamente el padre del niño exclamó: ‘Creo, ayúdame porque tengo poca fe” (Mc 9,22-24);
  • “Los discípulos se acercaron entonces a Jesús y le preguntaron en privado: ‘¿Por qué nosotros no pudimos expulsarlo?’ ‘Porque ustedes tienen poca fe’, les dijo. ‘Les aseguro que si tuvieran fe del tamaño de un grano de mostaza, dirían a esta montaña: ‘Trasládate de aquí a allá’, y la montaña se trasladaría; y nada sería imposible para ustedes’” (Mt 17,19-21).
  • Tal vez el pasaje que mejor muestra que la Fe está llamada a crecer sea la súplica de los Apóstoles al Señor:

“¡Auméntanos la Fe!”

La respuesta del Señor fue:

“Si ustedes tuvieran Fe del tamaño de un grano de mostaza, y dijeran a esa morera que está ahí: ‘Arráncate de raíz y plántate en el mar’, ella les obedecería” (Lc 17,5-6).

Los actos de Fe la hacen crecer

22. La Fe es como el amor. Éste crece cuando se lo expresa. Lo mismo la Fe. El Evangelio que nos muestra mejor esto es el de San Juan. Muchos encuentros personales con Jesús concluyen con un acto de Fe. Por ejemplo:

  • Jn 6,68: la profesión de Fe de Pedro: “Señor. ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de Vida eterna. Nosotros hemos creído y sabemos que eres el Santo de Dios”;
  • Jn 9,35-38: “Jesús se enteró de que lo había echado (de la sinagoga) y, al encontrarlo, le preguntó: ‘¿Crees en el Hijo del hombre?’ Él respondió: ‘¿Quién es, Señor, para que crea en él?’. Jesús le dijo: ‘Tú lo has visto: es el que te está hablando’. Entonces él exclamó: ‘Creo, Señor’, y se postró ante él”;
  • Jn 11,20-27: “Al enterarse de que Jesús llegaba, Marta salió a su encuentro… Dijo a Jesús: ‘Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto. Pero yo sé que aun ahora, Dios te concederá todo lo que le pidas’. Jesús le dijo: ‘Tu hermano resucitará’. Marta le respondió: ‘Sé que resucitará en la resurrección del ultimo día’. Jesús le dijo: ‘Yo soy la resurrección y la Vida. El que cree en mí, aunque muera, vivirá: y todo el que vive y cree en mí, no morirá jamás. ¿Crees esto?’ Ella respondió: ‘Sí, Señor, creo que tú eres el Mesías, elijo de Dios, el que debía venir al mundo’”.
  • El amor es muy superior a las palabras de amor. Ninguna palabra lo expresa del todo. Sin embargo, las palabras de amor son necesarias. Lo mismo digamos de la Fe. Por ello es muy importante que el Catequista le ayude al catecúmeno a hacer lo mismo que Jesús hizo con Pedro, con el ciego de nacimiento, con Marta: ayudar al catecúmeno a profesar la Fe en Jesús con todo el corazón.

Yo estoy aquí hoy con ustedes porque mi Catequista, cuando tenía 8 años, un día me acarició la cabecita y me dijo: “Andá a decirle a Jesús que lo querés mucho”. Ella posiblemente nunca supo el milagro que se acababa de realizar en mí.

Aprecio del Catecúmeno

23. Hemos dicho algo sobre el valor y aprecio de la Fe. Corresponde que digamos algo del valor y aprecio del catecúmeno.

Contemplemos cómo Jesús apreciaba a cada uno de los que se acercaban a él. En medio de los empujones de la multitud, supo distinguir que una mujer enferma lo tocó con fe: Lc 8,43-48. (Leer). Cristo derramó su sangre por cada uno de los seres humanos. Como dijo el apóstol Pedro: “Ustedes fueron rescatados de la vana conducta heredada de sus padres, no con bienes corruptibles, como el oro y la plata, sino con la preciosa sangre de Cristo, el Cordero sin mancha” (1 Pe 1,18-19).

Conviene que tengan presente el alto aprecio que este apóstol tenía de sus catecúmenos. Leas recomiendo que lean el comienzo del capítulo 2 de su 1ª carta: “Ustedes son una raza elegida, un sacerdocio real, una nación santa, un pueblo adquirido…” (2,9).

Lo mismo hemos de decir del apóstol Pablo. Éste concibe que toda la vida del cristiano ha de ser vivida en la santidad, sea su vida en la Iglesia, sea su vida en la sociedad. Lean su carta a los cristianos de Roma, en especial los capítulos 12 y 13. Dios ya no quiere sacrificios de animales, sino la vida santa del hombre vivida en la Iglesia y en la sociedad terrena.

Otro tanto vale del apóstol Juan: “¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios y nosotros lo somos realmente… Desde ahora somos hijos de Dios, y lo que seremos no se ha manifestado todavía. Sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque lo veremos tal cual es” (1 Jn 3,1-2).

Los chicos entienden todo

24. Todo lo que se dice con amor, por difícil que pudiere parecer, el ser humano lo entiende. Los chicos también.

Recuerdo el enojo que sentí el día que enterrábamos a mi madre. Un compañero de trabajo le dijo a mi padre: “El chico no entiende”. Concebí un desprecio enorme por la superficialidad de ese adulto.

No porque los chicos no sepan explicar lo que escuchan en la catequesis, se ha de concluir que no lo entienden. Los Evangelios muestran una sintonía profunda entre los niños y Jesús: Lc 18,15-17. Y la experiencia nos dice que tienen una predisposición natural hacia lo religioso, que hemos de aprovechar.

En la catequesis hemos de usar todos los medios que nos enseña la pedagogía. Incluso, el juego. Pero no hemos de olvidar los recursos propios de la pedagogía religiosa.

Recuerdo a mi catequista porque nos llevaba a la capilla a rezar. Y nos llevaba también a visitar a un viejito con las dos piernas amputadas. Esto me enseñó sobre el mandamiento del amor al prójimo mucho más que todas las explicaciones que luego recibí en el Seminario.

La moderna cultura del espectáculo nos puede llevar a exagerar en la catequesis la importancia del juego en desmedro de gestos verdaderos: la oración, el canto religioso, gestos de solidaridad.

¡Cuidado con pensar que el niño es un monito a quien hay que divertir continuamente! De ese modo nunca llegará a sentir el amor que Jesús le tiene. Y nunca concebirá amor por Jesús.

Vida y ministerio del Catequista

25. El catequista juega un papel fundamental en el proceso de fe del catecúmeno.

Primero, ha de tener presente que es un colaborador de los padres y padrinos en la transmisión de la fe a sus hijos.

Segundo, ha de partir de la realidad dada, y no desde una realidad imaginada. No debe desplazar a los padres. Y tampoco ha de exigirles lo que no pueden dar. Cuando así fuere, discretamente lo ha de subsanar él, y tener la delicadeza de hacerles sentir que lo están haciendo ellos. De nada sirve pelear con los padres porque no colaboran. Si ellos ven que sus hijos son amados, quizá también ellos abran el corazón a la Palabra de Dios.

Tercero, no es un mero profesor que dicta una materia llamada “religión”, sino un apóstol que cultiva la fe: “Yo planté, Apolo regó, pero el que ha hecho crecer es Dios. Ni el que planta, ni el que riega valen algo, sino Dios, que hace crecer” (1 Co 3,6-7).

Y, por lo  mismo, ha de agradecer a Dios el regalo que le hace de este ministerio.

Y conformar a él la propia vida. No se puede preparar a los chicos a la Primera Comunión y no participar de la Misa dominical. No se puede enseñar los Diez Mandamientos y vivir públicamente en la fornicación.

Ha de preparar el encuentro catequístico con: la oración, el estudio de la Palabra de Dios, el desarrollo del tema a exponer.

Áquila y Priscila: un matrimonio ejemplar de Catequesis Familiar

26. El NT nos trae un ejemplo de matrimonio catequistas: Aquila y Priscila, dos colaboradores de San Pablo. Les pongo los datos bíblicos para que uds. reconstruyan sus figuras:

  • Hch 18,2-3: echados de Roma, en Corinto dan trabajo a Pablo;
  • 18,18: acompañan a Pablo;
  • 18,26: catequizan a Apolo, que será insigne colaborador de Pablo;
  • 1 Co 16,19: desde Éfeso saludan a los corintios con iglesia reunida en su casa;
  • Rm 16,3-5: elogio de Pablo;
  • 2 Tm 4,19: Pablo les envía saludos por medio de Timoteo.
  •  Apuntes para la Convivencia de los Catequistas de la Vicaría Devoto, el domingo 03 de junio de 2007, en el Seminario Metropolitano (Concordia 4508)

+ CJG En el Seminario Metropolitano Inmaculada Concepción, 21 mayo 2007.

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