Discipulado: condiciones del seguimiento

El domingo pasado iniciamos una serie de reflexiones para asumirlas en este tiempo post-sinodal en que queremos aplicar las “orientaciones pastorales” que son el fruto de todo el tiempo de preparación y realización de nuestro Sínodo. Durante algunos domingos tomaré algunos textos de la reflexión inicial de las sesiones sinodales, considerando que los mismos asumen el tema tratado en Aparecida: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”. En el inicio de dicha reflexión señalábamos la necesidad de la centralidad de la Persona de Jesucristo: “Jesucristo, el Señor es hombre y es Dios y por eso él tiene que ser nuestro Absoluto.

Por eso tenemos que ser discípulos, no de algo, sino de Alguien y ese alguien es Dios, el Dios hecho hombre, encarnado. Existe una tendencia sincretista que pretende hacer creer que todo es Dios. Valorizamos las búsquedas genuinas, pero no todo es lo mismo, porque nuestro discipulado no es la adhesión a un Dios abstracto o a una doctrina, sino que en primer lugar es adhesión y seguimiento de Cristo, Dios hecho hombre, allí está la centralidad de nuestra fe. ¿Cómo podemos pensar en el cristianismo sin Jesús? Un cristianismo sin Jesús se transforma en una suerte de ideología, y hay mucha gente ideológicamente cristiana, pero en el fondo eso no es cristianismo. Por eso tenemos que decir que para nosotros Jesús es aquel a quien comulgamos, que estuvo con nosotros; el que tuvo afectos, el que predicó, el que sanó. Jesús, es el Cristo, es el Salvador, es el Dios hecho hombre. Jesús es el que nos permite descubrir que Dios no es una abstracción ni un concepto, es el que nos permite descubrir que Dios es Padre”.

Dicho texto que fue desgrabado de esa reflexión inaugural, continúa señalando algunas condiciones necesarias del seguimiento de Jesucristo, en orden al discipulado y la misión: “En este discipulado misionero debemos tener en cuenta algunos aspectos centrales de la vida de Jesús: la interioridad e intimidad de Jesús con su Padre, la Pasión del Señor por el anuncio del Reino y su debilidad por los pobres y sufrientes.

Es fundamental captar que Jesús es el Cristo en nuestra interioridad, esta comprensión en el proceso de la búsqueda de fe es clave en el camino discipular. Para el discípulo misionero es también central captar la interioridad de Jesús con su Padre. La misma nos permite entender que nuestro discipulado es algo profundo, reclama una intimidad con Jesús y por Él y en Él con el Padre. Esta intimidad tiene que llevarnos a ir madurando nuestra fe y debe realizarse en la oración, desde la experiencia de Dios, esta es una experiencia personal que nadie la puede hacer por nosotros. Nuestra experiencia de amor, de sufrimiento, de cruz, y de tantas cosas que componen nuestra vida en este seguimiento debe ser llevada necesariamente a la oración para captar desde la interioridad que Jesús es el Cristo.

En segundo lugar, en este discipulado, si vamos descubriendo a Jesús como el Cristo, nuestro Salvador, también iremos descubriendo su pasión por el Reino. Porque la Iglesia está para anunciar el Reino de Dios, esa es la misión de la Iglesia: evangelizar, o sea anunciar el Reino, su pasión debe ser el anuncio del Reino. El Señor, en esta misión encomendada por el Padre, tuvo la tentación de renunciar, hasta de plantearse si podía eludir la cruz. ¿Quién quiere morir? Pero finalmente su pasión por el Reino lo llevó incluso a encaminarse a la cruz. Esto no debe ser exclusivo de Jesús, esto debe implicarnos a todos aquellos que queremos vivir este discipulado, como los testigos mártires que tiene la Iglesia.

Esta pasión es lo que tiene que llevarnos a conocer que como cristianos, cada uno, como parte de la Iglesia, buscaremos también nuestros nidos, lugares donde quedarnos, nuestra seguridades. Será fundamental que nuestra opción siempre priorice la misión sobre dicha seguridad.

En tercer lugar señalamos como condición del discipulado aquello que ha sido clave en la vida de Jesús, su debilidad preferencial y profética por los más débiles y sufrientes. Esto hay que decirlo porque nuestro contexto se va haciendo demasiado materialista, o pragmático. Esta tendencia muchas veces nos hace perder de vista esta clave de comprensión del discipulado. Si nuestro amor no transita por esta experiencia del amor de Dios expresado especialmente en los más pobres y necesitados, es como que de alguna manera no hemos captado el Evangelio. Sin misericordia y experiencia del amor donado no hay discipulado ni misión.

Compartir