Convertirnos en discípulos y misioneros

En este cuarto domingo de cuaresma continuamos con nuestra reflexión desgrabada de la primera sesión sinodal, tratando de convertirnos en discípulos y misioneros de Cristo, testigos de la Pascua. “Entraré en la temática del discipulado, de la misión y de las nuevas estrategias. Cuando hablamos del discipulado tenemos que realizar una observación que es clave, el discipulado es algo muy exigente, ser discípulos no es una cuestión sencilla.

Centralidad en la Persona de Jesucristo
En el Evangelio de Lucas (9, 57-62), el título señala: “CONDICIÓN PARA SEGUIR A JESÚS” y dice así: Mientras iban caminando, uno le dijo: ¨ te seguiré adonde quiera que vayas ¨. Jesús le dijo: ¨ las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”. Esta es la respuesta de Jesús a un primer bien intencionado que le dijo que quería ser discípulo. Apareció otro que quería ser discípulo y le dijo ¨Sígueme¨ y este otro le contesto: ¨Señor déjame ir antes a enterrar a mi padre¨. Jesús le respondió: ¨Deja que los muertos entierren a sus muertos, tú ve a anunciar el Reino de Dios¨. Otro que quería ser discípulo le dijo: "Te seguiré Señor, pero déjame despedirme primero de mi familia. Jesús le contestó: El que pone la mano en el arado y mira hacia atrás, no es apto para el Reino de Dios". Son duras las palabras de Jesús a cada uno de estos hombres que se muestran dispuestos a seguirlo, esto nos muestra que el seguimiento no es fácil.

El primero, con mucho entusiasmo seguramente, le dice "te seguiré adonde quieras que vayas". Presten atención por dónde van las respuestas: los zorros tienen guaridas y las aves del cielo nidos, pero el hijo del hombre no tiene nada, ni dónde reclinar la cabeza. La imagen de nido o guarida nos sugiere el domicilio, un hogar que Jesús tuvo durante treinta años en Nazaret. Pero es cierto que durante su vida pública, durante su misión era prácticamente un nómade, no tenía lugar dónde reclinar la cabeza. Esta situación sugiere una primera ruptura. No quiere decir esto que nosotros tengamos que abandonar nuestro hogar, pero es cierto que si nosotros queremos ser de verdad discípulos, tendremos que hacer frente a algunas rupturas que nos van a desacomodar. Muchas veces vamos constituyendo una especie de nidos en nuestra misma pastoral, y esto lo hace el laico, el sacerdote o el religioso porque queremos generar espacios más seguros pero olvidamos que el cristiano en la evangelización tiene que ser nómade, en el sentido de que debemos buscar caminos y respuestas nuevas para los desafíos que surgen. Es aquí donde encontramos una dificultad y una necesidad de conversión ya que no es fácil aceptar la ruptura y el sacrificio que esta conlleva.

Quiero aclarar que Jesús, en la misión que le había confiado el Padre se comportó como un nómade, mantuvo sus referencias. Él se sentía judío en su época, mantuvo una relación con su pueblo y reconocía a su tierra y a su madre, aún cuando fue duro en alguna expresión: “mi madre y mis hermanos son los que cumplen la palabra de Dios”, en el momento clave, el de la cruz, le deja a Juan su madre.

Lucas nos relata que Jesús se cruza con otro y le dice ¨Sígueme¨, y éste, que quería ser discípulo le pide: "Señor déjame ir antes a enterrar a mis padres" entonces Jesús le respondió: "Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú ve a anunciar el Reino de Dios". Esto era terrible para los judíos de esa época, porque si uno no enterraba a su padre era hasta condenable por la ley. Jesús es muy duro en esta expresión. El seguimiento implica que nosotros tengamos también que generar rupturas con algunas cosas que parecen ser y no son y que actúan como falsos padres. Estructuras que nos vamos generando en nuestro caminar, y en el fondo son obstáculos en la evangelización, tradiciones que vamos inventando, estructuras mentales, estructuras machistas o autoritarias con las cuales nos relacionamos”.

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