Llevar al corazón de la gente la persona de Jesús

Este fin de semana estamos viviendo un acontecimiento muy importante en el nordeste argentino. Los jóvenes de las nueve Diócesis de la región y de distintos lugares del país realizamos una nueva “peregrinación a la Basílica de Itatí”, a la casa de nuestra Madre. Todos sabemos que esta advocación de la Madre de Jesús “Nuestra Señora de Itatí”, es una devoción antigua y querida por el pueblo de Dios de nuestra región del nordeste argentino.

En realidad María siempre acompañó a la Iglesia. Desde su mismo nacimiento, en la mañana de Pentecostés, Ella estuvo junto a los Apóstoles: “Todos ellos (los Apóstoles), íntimamente unidos se dedicaban a la oración, en compañía de algunas mujeres, de María, la Madre de Jesús y de sus parientes” (Lc.1,14). Desde los primeros siglos, los cristianos veneran a María con diversas advocaciones ligadas a los lugares donde la Iglesia Evangelizaba. En América Latina, desde que la fe cristiana llegó a nuestras tierras, María “nuestra Madre”. En Guadalupe, México. En Caacupé, Paraguay. En Luján, Argentina y en nuestro nordeste, la de Itatí.

En este domingo celebramos la peregrinación y las Misas junto a unos 200.000 jóvenes, laicos, consagrados, sacerdotes y los obispos de nuestra región. La peregrinación a Itatí, así como tantas otras expresiones de religiosidad son signos de la fe de nuestra gente y es un tema que requiere la preocupación de los cristianos de saber acompañar desde la evangelización la riqueza de esta religiosidad popular. Este tiempo de preparación al Sínodo, y el Sínodo a realizarse en 2007, serán oportunidades donde tendremos que buscar caminos para renovar el encuentro con Cristo en el corazón de dicha religiosidad. El texto de este domingo (Mc. 8,27-35), nos sitúa ante la confesión de fe de Pedro: “Tú eres el Cristo”. Inmediatamente el Señor les habla de los sufrimientos que iban a padecer. De alguna manera señalaba el camino de la cruz, de la muerte y la vida, como clave de comprensión de la fe cristiana.

El documento de Puebla del episcopado latinoamericano, nos enseña e ilumina sobre aspectos que tendremos que tener en cuenta al considerar “la religiosidad popular” en nuestra realidad misionera en orden a la evangelización. En el mismo señala: “Esta cultura, impregnada de fe y con frecuencia sin una conveniente catequesis, se manifiesta en las actitudes propias de la religión de nuestro pueblo, penetradas de un hondo sentido de la trascendencia y, a la vez, de la cercanía de Dios. Se traduce en una sabiduría popular con rasgos contemplativos que orienta el modo peculiar como nuestros hombres viven su relación con la naturaleza y con los demás hombres; en su sentido del trabajo y de las fiestas, de la solidaridad, de la amistad y el parentesco. También en el sentimiento de su propia dignidad, que no ven disminuida por su vida pobre y sencilla” (413). “Como toda la Iglesia, la religión del pueblo debe ser evangelizada siempre de nuevo. En América Latina, después de casi quinientos años de la predicación del Evangelio y del bautismo generalizado de sus habitantes, esta evangelización ha de apelar a la “memoria cristiana de nuestros pueblos”. Será una labor de pedagogía pastoral, en la que el catolicismo popular sea asumido, purificado, completado y dinamizado por el Evangelio. Esto implica en la práctica, reanudar un diálogo pedagógico, a partir de los últimos eslabones que los Evangelizadores de antaño dejaron en el corazón de nuestro pueblo. Para ello se requiere conocer los símbolos, el lenguaje silencioso, no verbal del pueblo, con el fin de lograr, en un diálogo vital, comunicar la Buena Nueva mediante un proceso de reinformación catequética” (457).

En este tiempo en que tantos cristianos se encuentran para rezar y reflexionar sobre la evangelización de nuestra Diócesis en los grupos sinodales y en otras instancias, será fundamental el ver como partiendo de la riqueza que nos aporta “la religiosidad popular”, buscamos nuevas estrategias pastorales que lleven al corazón de la gente “la persona de Jesús”, confesando como Pedro “Tú eres el Cristo”. Y sobre todo el discipulado en el que todos debemos iniciarnos, la formación integral o bien la catequesis que nos permita madurar nuestra fe y dar respuestas adecuadas para evangelizar nuestra cultura misionera.

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