Amar, sanar y evangelizar la Familia

El Evangelio de este domingo (Jn. 6,1-15), nos relata la multiplicación de los panes. Por un lado la preocupación del Señor “por el gentío que acudía a él” porque no tenían para comer. Pero también este relato tiene una referencia directa al tema eucarístico y es en este mismo capítulo seis de San Juan en que el Señor dice: “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo. El que come de este pan vivirá para siempre. El pan que yo daré es mi carne, y la daré para la vida del mundo” (51). En la raíz del relato está la mirada compasiva del Señor a la multitud porque estaban como ovejas sin Pastor. Es una mirada que parte del Amor. La eucaristía y toda la realidad que implica el pan compartido y la solidaridad social necesitan fundamentarse en la compresión correcta del amor. El Papa Benedicto XVI nos regaló con su primera encíclica “Dios es Amor”, la posibilidad de reflexionar sobre este tema central.

En estos días he regresado a nuestra tierra colorada después de haber participado del “V Encuentro mundial sobre la familia” realizado en Valencia, España. El gozo del encuentro con tantos hermanos y hermanas, tantas familias, que han participado desde distintos lugares del mundo, para rezar, reflexionar y testimoniar sobre el valor de la familia hoy y siempre, pero sobre todo la presencia del Papa Benedicto XVI, cercana y profunda, nos han ayudado a renovar el compromiso de seguir trabajando por este tema, en la tarea evangelizadora de nuestra Patria y Provincia.

En dicho encuentro se consideró entre otros aspectos, que la familia no es creación de la cultura del momento, sino que la precede y fundamenta, y en “la Declaración de Valencia” se señala la necesidad de la protección jurídica, cultural, social y económica que permita respetar los rasgos esenciales de la familia y establecer el marco jurídico adecuado para que pueda desempeñar apropiadamente sus responsabilidades. Entre los compromisos que se han asumido se encuentran el impulsar iniciativas para que las familias sean consideradas como Patrimonio de la humanidad. También reconocer la familia como institución e incorporarla en todos los ámbitos...

El Papa Benedicto enmarcó el tema en la necesidad de una visión antropológica, donde consideremos al hombre con capacidad de trascendencia y de amar. El Amor como donación a los demás, al otro y no como mera búsqueda de si mismo. Será enriquecedor acceder a sus dos homilías realizadas en Valencia, porque permitirán encontrar respuestas a desafíos que hoy nos presenta el tema de la familia.

En esta reflexión dominical quiero señalar que por ser uno de los temas de nuestro próximo Sínodo Diocesano: “Familia: testimonio de comunión”, esperamos el aporte que harán los Grupos sinodales que se están formando, para orientar nuestra pastoral familiar en los próximos años.

Quisiera que al reflexionar sobre la familia tengamos en cuenta el modelo de familia que nos propone el Señor, pero sobre todo que pongamos el eje del tema en como debemos evangelizar los tantísimos problemas y heridas que padece el hombre y la mujer alrededor de esta problemática. El amor verdadero y misericordioso al hombre y mujer, esposo y esposa, padre, madre, hijo o hija, abuelos, a las heridas dadas por la pobreza, a las familias marcadas por la inmadurez, a las familias divididas, a los emigrantes o inmigrantes..., al sufrimiento humano, a la soledad... La cercanía como el buen samaritano, hacia el hombre o mujer heridos, hacia las familias, será clave para amar, sanar y evangelizar.

Al escribir esta carta quiero que partamos considerando, que la familia.continúa siendo un valor apreciado en nuestro pueblo a pesar de la agresión y desvalorización de la familia, que se realiza muchas veces desde el Estado, la legislación y poder económico. Que gracias a esta consideración por la familia se cultivan los afectos auténticos de familiaridad, filiación, fraternidad y nupcialidad, y se aprende a sostenerse mutuamente en las dificultades, a comprender y a perdonar... (N.M.A. 43). Termino esta reflexión señalando que un futuro esperanzador dependerá en gran parte de la centralidad que le demos a la familia.

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