Misionar es salir al encuentro

Durante algunos domingos venimos reflexionando sobre diferentes rasgos especialmente necesarios de la Iglesia y por lo tanto de nosotros como parte de ella, y como pueblo de Dios, en preparación a celebrar el año jubilar y el Sínodo el próximo año.

Hemos señalado anteriormente la necesidad de ser una Iglesia abierta, que ame al mundo. Solo si amamos podremos ser una Iglesia misionera. El Señor envió a los Apóstoles hasta los confines del mundo y el mismo Espíritu impulsa a la Iglesia a misionar. El Concilio Vaticano II fue un momento donde obró especialmente el Espíritu Santo, para impulsarnos a la Nueva Evangelización y Pablo VI en “Evangeli Nuntiandi” nos dice que la razón de ser de la Iglesia es evangelizar.

Como Diócesis al estar viviendo esta etapa previa y preparatoria del Sínodo Diocesano, sabemos que el eje del mismo es la evangelización. Por eso me ha alegrado que las inquietudes de la gente en las consultas, haya sido la dimensión misionera, buscando nuevas estrategias pastorales y la formación en el camino del discipulado. Providencialmente coincide con el tema de la V Conferencia de los Obispos latinoamericanos y del Caribe, que se realizará en “Aparecida, Brasil”, en mayo del 2007. El tema de dicha Conferencia será: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida”.

En estas cartas sobre la Iglesia y la evangelización, quiero tomar la palabra “salir”, para que la liguemos a esta cualidad de misionar. Cuando tenemos que mudarnos a otro lado, cuando tenemos que dejar lo que estamos haciendo o dejar a quienes queremos para ir a estudiar o a trabajar a otra ciudad, en general sufrimos porque los cambios cuestan, lo mismo nos ocurre cuando tenemos que dejar una acción pastoral o criterio por otro más adecuado. Esta palabra “salir” es muy expresiva, porque amar es encaminarnos hacia el otro, caminar desde el egoísmo hacia el amor. Salir implica desacomodarnos y lo experimentamos en las pequeñas y grandes cosas. Por ejemplo, cuando tenemos que salir para ir a una reunión de la catequesis familiar o de la asociación vecinal. Salir nos enseña el Señor, es dejar a las noventa y nueve ovejas y buscar a la perdida, como Él mismo lo hizo, como el Buen Pastor.

Una Parroquia o una Diócesis, o bien un movimiento que quieran salir, ser misioneros, seguramente experimentarán también las dificultades del desacomodamiento. También en este sentido, podemos aplicar la palabra “salir” a la Evangelización de la Cultura y a una comprensión más profunda del compromiso del laico en el mundo. Aún después de tantos años del Concilio, muchos no entienden todavía la vocación laical y que lo más específico no es tanto el compromiso en actividades pastorales, como por ejemplo ser catequista o misionero de manzana (aunque es importante que lo hagan), sino comprender que la vocación del laico pasa por estar presente en sus propios ambientes, en la escuela, en la comunicación social, en el concejo deliberante, en el mundo rural. Es ahí donde se genera la cultura y la evangelización. A esto también, a veces, lo llamamos “Evangelizar los sectores”. Por esto decimos que podemos aplicar la palabra “salir” (misionar) a Evangelizar la cultura.

Será un desafío que nosotros debemos tener en cuenta en los próximos años, el comprender más a fondo que desde la Diócesis, Parroquias, Comisiones y Movimientos, deberemos asumir más “misioneramente” la pastoral de sectores. Tener en cuenta a docentes de las escuelas que están en nuestra geografía, o bien a los comunicadores sociales, o los políticos..., o tantísimos sectores marginales, como los jóvenes que padecen la adicción de las drogas o el alcoholismo.

El misionar es salir al encuentro de los que no están y de los que conocen poco al Señor. Salir y caminar desde nuestros egoísmos hacia los demás. Salir no es pasear. Es tratar de vivir profundamente la misión que Dios nos confiere a todos los bautizados. Es salir para evangelizar.

Considero que algunas de las actitudes eclesiales que venimos reflexionando y otras que durante este tiempo de preparación hacia el año jubilar profundizaremos en los grupos sinodales y en otros espacios nos permitirán discernir y asumir los desafíos pastorales de nuestra Iglesia Diocesana.

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