Ser consciente de que es Dios quien convierte a las almas, no nosotros.
Pero Él se sirve de nosotros como canales, altavoces, acueductos y ministros de su Palabra para iluminar las mentes, caldear los corazones y mover las voluntades para que amen a Dios y cumplan sus mandamientos.
Por eso, debemos estar bien preparados en este campo de la predicación de la Palabra.
Todos nuestros estudios humanísticos, filosóficos, teológicos, pedagógicos…tienen como término final nuestra predicación, sea escrita (libros, artículos…), sea oral (homilías, retiros, congresos, charlas…).
Estudiamos para estar mejor preparados a la hora de nuestra predicación sagrada, no por prurito de vanidad, sino porque esa Palabra de Dios merece ser tratada y anunciada con dignidad, claridad y unción.

padre Antonio Rivero LC
http://www.zenit.org/es/articles/como-mejorar-nuestra-predicacion-sagrada

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