• Habla lo menos posible al mayor número de personas. En pocas palabras, no creas que eres aquel que debe decir todo a cada persona. Deja algo por hacer para aquellos que poseen dones especiales para guiar y enseñar. Esparce las semillas generosamente, dejando que caigan donde sea.
  • Sé consciente de que muchísima gente necesita ser evangelizada, inclusive muchos que ya han sido bautizados. Está alerta y pronto a compartir tu fe y las oportunidades que Dios manda serán sorprendentemente numerosas.
  • Jesús es el mensaje. No pierdas mucho tiempo en discusiones sobre la Escritura cuando podrías estar hablando del mismo Jesús y del poder de su amor salvador.
  • No esperes que los resultados de tu testimonio sean siempre espectaculares. Los resultados serán significativos para quienes comparten fielmente a Cristo. Cualquier otro éxito mayor depende del Señor (1Cor.3,7), que no juzga sobre la base de nuestros éxitos sino por cuán arduamente hemos tratado de hacerlo.
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